
LETRAS SALVAVIDAS
Por Pepa Valenzuela
Andaba pateando una pena infinita, cuando una amiga me lo prestó: Tokio Blues de Murakami. Entonces cada noche, con cada página, la angustia en la guata fue desapareciendo y un buen día, un diálogo me salvó la vida. Ahí estaba lo que quise decir alguna vez y no me había salido de la boca. Murakami lo había escrito por mí, quizás por cuántas más. Ahí estaba lo que hubiera dicho si esto fuera una novela y los demás personajes, tuvieran esa sensibilidad japonesa para entenderlo todo de forma sencilla. Comparto este párrafo para que otros más, reciban estas palabras al rescate. Y también comparto el dibujo de un amigo, inspirado en el mismo libro mágico, que al menos explica mi necesidad espantosa de dejarlo todo por escrito. Esto es un pedacito de Tokio Blues, la historia de Watanabe, un japonés que vive entre el pegoteo con una mujer fantasma y la sinceridad de una chica nueva que descubre a destiempo, Midori.
"(...) Quién sabe – reconocí-. La situación es muy compleja. Tenemos varios problemas. Todo esto hace mucho tiempo que dura y yo, la verdad, he acabado por no entender las cosas. Ni las entiendo yo ni las entiende ella. Lo único que sé es que como ser humano, siento cierta responsabilidad hacia ella. Y no puedo desvincularme. Al menos así lo siento ahora. Aún en el caso de que ella no me quiera.
- Soy una mujer de carne y hueso. – Midori presionó su mejilla contra mi cuello-. Estoy entre tus brazos y confesándote que te quiero. Haré lo que tú me digas. Soy un poco alocada, pero me tengo por una chica honesta, una buena chica. Soy trabajadora, guapa, tengo los pechos bonitos, sé cocinar, tengo un depósito en fideicomiso en el banco que me dejó mi padre. ¿No te parezco un buen partido? Si no te quedas conmigo, acabaré yéndome a otra parte.
- Necesito tiempo – dije-. Tiempo para pensar, para arreglar las cosas, para decidir qué es lo mejor. Lo siento, pero por ahora eso es lo único que puedo prometerte.
- Pero te gusto y no quieres que me aleje de ti, ¿no es cierto?
- Sí.
Midori se separó de mí y me miró a los ojos, sonriendo.
- Te esperaré. Confío en ti – accedió-. Pero cuando elijas, quiero ser la única. Cuando hagas el amor conmigo, piensa sólo en mí. ¿Entiendes lo que trato de decirte?
- Perfectamente.
- No me hagas daño. Bastante me han herido ya a lo largo de mi vida. No quiero que me hieran nunca más. Quiero ser feliz.
La atraje hacia mí y la besé.
- Suelta ese estúpido paraguas y abrázame con fuerza con los dos brazos – me ordenó Midori. (…)".
- Soy una mujer de carne y hueso. – Midori presionó su mejilla contra mi cuello-. Estoy entre tus brazos y confesándote que te quiero. Haré lo que tú me digas. Soy un poco alocada, pero me tengo por una chica honesta, una buena chica. Soy trabajadora, guapa, tengo los pechos bonitos, sé cocinar, tengo un depósito en fideicomiso en el banco que me dejó mi padre. ¿No te parezco un buen partido? Si no te quedas conmigo, acabaré yéndome a otra parte.
- Necesito tiempo – dije-. Tiempo para pensar, para arreglar las cosas, para decidir qué es lo mejor. Lo siento, pero por ahora eso es lo único que puedo prometerte.
- Pero te gusto y no quieres que me aleje de ti, ¿no es cierto?
- Sí.
Midori se separó de mí y me miró a los ojos, sonriendo.
- Te esperaré. Confío en ti – accedió-. Pero cuando elijas, quiero ser la única. Cuando hagas el amor conmigo, piensa sólo en mí. ¿Entiendes lo que trato de decirte?
- Perfectamente.
- No me hagas daño. Bastante me han herido ya a lo largo de mi vida. No quiero que me hieran nunca más. Quiero ser feliz.
La atraje hacia mí y la besé.
- Suelta ese estúpido paraguas y abrázame con fuerza con los dos brazos – me ordenó Midori. (…)".
página 345, Tokio Blues, Murakami.