Abre los ojos
Por Pepa Valenzuela
Me voy a Cuba. Me voy porque hace dos años que no tengo vacaciones como la gente. Me voy y con dos amigas entrañables que el año pasado vivieron desastres parecidos al mío. Desde que me fui a Isla de Pascua el 2008 no descanso ni duermo como debiera. Y después de eso, han pasado muchas cosas. Lo que decía antes: todo ha sido como la canción que cantaba cuando era niña, ésa de mi lindo globito, pum! reventó. En este tiempo descubrí muchas cosas que hubiera pagado por no descubrir, aunque después me repito, no, no, si está bien que una abra los ojos. Pero es como dijo la Carolina, sentada al lado mío en la mesa de un matrimonio, mirando a su alrededor: Yo pagaría por ser más tonta. Yo pagaría por no saber. Yo a veces pienso lo mismo. Hubiera pagado por no saber todo lo que desde septiembre hasta este año supe. Qué fue: básicamente supe que el hombre que tenía al lado no era lo que aparentaba, sino que era todo lo contrario. Descubrí que la gente miente más de lo que esperaba. Supe de la boca de dos hombres a quienes encontraba relativamente respetables, que ellos también eran capaces de mentir. Que en el fondo, odiaban a las mujeres. Yo estaba leyendo ese libro: Los hombres que no aman a las mujeres. Justo estaba leyendo eso cuando esos dos hombres que yo respetaba mucho se delataron solos como mentirosos orgullosos de serlo. Yo, me quedé con sus mentiras para callado. Y me sentí mal. Porque sé que con ellos, hay dos chicas que más temprano que tarde van a sufrir como chinas, tal y como yo sufrí y yo no podía hacer nada al respecto. Supe que los amores, la mayoría de las veces, era disfraces sociales. Que los ritos, las ceremonias, los juramentos, se iban por la alcantarilla como si fuera pelusas. Que la gente promete sin comprometerse de verdad. Tengo casi treinta años y es increíble quizás que a estas alturas me sorprenda. Pero sí, me sorprende. También me duele mucho. Y me da un miedo terrible de volver a apostar. Lo curioso es que creo que todavía me quedaba corazón para hacerlo.
Aposté. A mi modo herido. Con lo poquito y nada que podía entregar, hecha un cucurucho de miedos, silencios y dudas. Pero así y todo, creo que aposté. Aposté bastante para lo que me había sucedido. Creo que desde los 20 años no tenía ese desinterés en el alma. Me gustó saber que esa capacidad de querer, aún estaba dentro de mí. Lo comprobé y me retiré. No porque quisiera. Me retiré porque el miedo es un enemigo feroz que no abandona así de fácil. Me retiré porque es distinto acurrucar a alguien que se deja a acurrucar a alguien que pega sus rasguños cada tanto. Una que está cicatrizando, no puede exponerse a más magulladuras. También necesita alguien que venga y la acurruque sin esperar nada más que tu bienestar a cambio. Alguien tiene esas pretensiones y me he arrancado como una fugitiva. La Carlita y la Carola dicen que no me arranque más. Que me deje al menos hacer un cariño. Que diga una sola vez que sí. Que sea amiga. Que parezco cabra chica.
Y la verdad, yo no sé aún qué hacer.
Sin embargo, hay algo que es más sorprendente que todo lo que he descubierto de mí hasta ahora: que tengo fe. Más fe que antes, inexplicablemente. Son mis sueños que me dicen cosas buenas, cosas milagrosas. Es una paz que me nació desde el centro de la guata y me tiene tranquila, como si supiera que algo monumental va a suceder. No es broma. No es canutismo. Es una sensación tan real que podría convertirla en un mueble de mi casa. Y ahí está, instaladísima dentro de mí, haciéndome reír todas las santas mañanas cuando abro los ojos.
08 abril 2010
04 abril 2010
Ausencia
He estado muy ausente últimamente por estos lados.
Pero tengo mucho que contar.
Muchas cosas que escribir.
Quizás aún no las proceso ni las pongo en orden.
Pero ya tengo una pista: desde septiembre del año pasado hasta ahora, me he despertado de varios sueños en los que creía. Como haberse acostado en medio de un cuento y despertar en la Matrix. Como decía la canción que más me gustaba de niña: Mi lindo globito, pum, reventó. Ya les contaré un poco de eso. Pero antes, quería dejarles las últimas cuatro cosas que he escrito y que me han gustado más que otras.
Feliz Pascua de resurrección.
http://www.paula.cl/blog/reportaje/2009/10/05/heidi-y-gretel/
http://www.mer.cl/modulos/catalogo/print_noticia.asp?idnoticia=C24328620091208&seccion=YA&fecha=2009-12-08
http://diario.elmercurio.cl/detalle/index.asp?id={a04e3246-81d8-4dee-b901-61d8bd46dfd8}
http://diario.elmercurio.cl/detalle/index.asp?id={698f38f6-33f1-4b78-b763-82a380381c84}
He estado muy ausente últimamente por estos lados.
Pero tengo mucho que contar.
Muchas cosas que escribir.
Quizás aún no las proceso ni las pongo en orden.
Pero ya tengo una pista: desde septiembre del año pasado hasta ahora, me he despertado de varios sueños en los que creía. Como haberse acostado en medio de un cuento y despertar en la Matrix. Como decía la canción que más me gustaba de niña: Mi lindo globito, pum, reventó. Ya les contaré un poco de eso. Pero antes, quería dejarles las últimas cuatro cosas que he escrito y que me han gustado más que otras.
Feliz Pascua de resurrección.
http://www.paula.cl/blog/reportaje/2009/10/05/heidi-y-gretel/
http://www.mer.cl/modulos/catalogo/print_noticia.asp?idnoticia=C24328620091208&seccion=YA&fecha=2009-12-08
http://diario.elmercurio.cl/detalle/index.asp?id={a04e3246-81d8-4dee-b901-61d8bd46dfd8}
http://diario.elmercurio.cl/detalle/index.asp?id={698f38f6-33f1-4b78-b763-82a380381c84}
06 marzo 2010

El día D
El terremoto y la huida en primera persona
Por Pepa Valenzuela
Sentadas alrededor de la mesita de mimbre de la terraza de la casona de la playa en Maitencillo, finalmente las siete hacíamos un brindis con piscolas y pisco sours. Habíamos estado planeando la despedida de soltera para la novia con un fin de semana en la playa hacía tiempo. Y todo había salido como esperábamos: teníamos listo el video con el novio, comida en abundancia, una casa enorme que nos prestó una prima de una de las organizadoras y lo más importante, habíamos logrado secuestrar a la novia, quien a las 13 horas de la tarde del viernes, ya había terminado su pega de jueza y no tenía idea que en un momento más, tres de nosotras terminarían metiéndola al auto y llevándola hasta la costa sin pedirle ni permiso. El novio, uno de mis buenos amigos del colegio, ya nos había hecho su bolsito y nos había regalado todo el trago. Un marido dadivoso, nos compró carne y longanizas en La Vega para que hiciéramos dos tremendos asados. Y nosotras, habíamos estado coordinando todo vía mails masivos que cada día tenían algún inconveniente o incendio nuevo. Así es que estuviéramos al fin ahí, con la novia con una sonrisa de oreja a oreja por vernos a todas reunidas, nos tenía dichosas. Y un poco arriba de la pelota. Llevábamos varias horas bebiendo, contándonos todas nuestras peripecias, datos y anécdotas en el mambo horizontal, desmenuzando todas nuestras gracias y desgracias en ese ámbito y desnudando nuestra propia sexualidad. Así es que un poco antes de las tres de la madrugada, todas bastante chispeantes, decidimos que ya era hora de mostrarle a la novia el video donde el novio contestaba nuestro pícaro cuestionario. Entramos a la casa y nos acomodamos todas arriba de la cama matrimonial. La anfitriona conectó la cámara a la televisión y le preparamos una díscola piscola a la novia, para que bebiera un sorbo cada vez que no le achuntara a las respuestas de su futuro marido. Y empezamos a ver: en la pantalla, el pobre novio, estaba amarrado al catre, lleno de besos rojos pintados en la cara y el cuello, un pañuelo amarrado en la cabeza y con cinco de nosotras, agasajándolo disfrazadas de mujeres de lujo de arriba de una cama de dos plazas. La novia se reía a carcajadas. “¡Pobre! ¡Y se prestó para eso!”, y seguía riéndose con la guata agarrada a dos manos. Mi traste, enfundado en una mini dorada de lentejuelas, acaparaba la mitad de la pantalla. Mientras el novio, empezaba a responder dónde le había pedido pololeo a la novia, cuál fue su primer beso con ella, posiciones favoritas, anécdotas triple X. Buen matrimonio iba a ser ése, pensaba yo: la novia, le achuntaba a la mayoría de las respuestas. No era de extrañar: mi amigo lleva 9 años con su novia, desde el segundo año de la Universidad. Y es una de esas parejas que se aman con locura. Que se acompañan y se cuidan como dos buenos amigos. Uno de esos amores que tienen sentido. Pero cuando terminamos de ver el cuestionario y sólo faltaba el mensaje romántico del novio a la novia, la tierra comenzó a moverse. Primero suavemente. “¡Mierda! ¡Está temblando!”, gritó una de nosotras e inmediatamente cuatro salieron disparadas de la cama hacia el ventanal. Lo abrieron y salieron al patio. Una gritaba, llorando. Yo, me quedé encima de la cama, sentada, alerta. La verdad es que no les tengo miedo a los temblores: estoy acostumbrada a vivirlos en altura y mamá, que sobrevivió al terremoto del 60, me enseñó a mantener la calma frente a esas circunstancias. Pero calma era lo que menos había en casa. Menos cuando la casa se movió de un lado a otro, en fuertes remezones. Una de las chicas lloraba, con las manos sobre los ojos. Las otras se daban vueltas como gatas en el patio. La anfitriona, cacheteó a la que lloraba. ¡Basta! ¡Tranquilízate! Entonces paró de temblar. Y todas salimos raudas hacia la calle a ver qué pasaba. Y ahí vimos: la mayoría de los autos estaba con las luces encendidas, listos para arrancar. Algunos vecinos deambulaban abrigados, preguntando qué había pasado. y nosotras, cada una con el celular en mano, intentaba en vano comunicarse con sus respectivos novios, madres e hijos. Sólo una lo logró, durante el sismo, con su pololo: ¡Mora, se está cayendo el edificio!, alcanzó a decirle él antes de que se cortara la comunicación. Ella comenzó a llorar desconsolada. Y cada una, seguía deambulando como loca con su celular en la mano. Hasta que nos juntamos. Y empezaron las propuestas: esto fue fuerte, va a haber tsunami, tenemos que devolvernos a Santiago. ¿A Santiago? ¡Estamos todas con trago en el cuerpo! ¡Nos podemos matar! Cuatro de nosotras, volvimos a entrar a la casa, mientras dos, la anfitriona que tiene dos niños pequeños y otra, intentaban seguir comunicándose con Santiago infructuosamente. Las demás, nos metimos en sacos de dormir y nos quedamos dormidas.
Desperté un poco antes de las siete de la mañana cuando escuché a las dos que quedaron despiertas hablando por teléfono. Recién habían logrado contactarse. A una de ellas le dijeron: La CNN dice que hay riesgo de maremoto en toda la costa de Chile y Perú. Entonces sentí los pasos. Alguien zarandeándome las piernas. “Pepa, despierta, nos tenemos que ir porque hay riesgo de tsunami”. En un dos por tres, la casa estaba ordenada, los bolsos hechos, los sacos de dormir envueltos. Todas teníamos una cara de terror espantosa. Nos abrazamos antes de meternos cada una a los dos autos que teníamos y nos deseamos suerte. Seguí llamando a mamá sin éxito: estaba preocupada por ella. Estaba sola, durmiendo en su departamento del sexto piso de las Torres San Borja. Pero me era imposible la comunicación. Recordaba entonces, para relajarme, lo que siempre me decía cuando había temblor y nos abrazábamos debajo del dintel de la puerta: “Mijita, si estas torres se caen, está todo Santiago abajo, muerto. Estas torres van a ser las últimas en caer, son muy firmes”. Respiraba. La conductora, con mano firme, manejaba con una entereza increíble. Atrás, otra amiga dormía: ya había podido hablar con su novio, el que le gritó que el edificio estaba caído y estaba bien, a salvo. Dentro de todo, iba tranquila: pensaba que habernos ido, era una exageración. Más aún en esas condiciones. Hasta que llegamos a la carretera 5 Norte y la vimos: una pasarela peatonal partida en dos encima de la autopista como un pedazo de papel. Un carabinero estaba desviando el tránsito hacia la caletera. “¡Cresta! Mira la pasarela!. Entonces empecé a llamar de nuevo a mamá. Esta vez, me contestó: “¡Hija, hija! ¡Cómo estás!”. Le dije que bien, regresando a Santiago. “Me evacuaron, mijita. Estuvimos tres horas abajo del edificio, se cayeron escombros dentro de las torres, se me cayeron los cuadros, los floreros, todo. Pero estoy bien”. Ahí empecé a tiritar. En las torres jamás se caía ni un chiche de estantería. La cosa había sido fuerte. Mi estómago se apretó al instante. Empecé a sentir dolor de guata. El dolor fue creciendo a medida que vimos la segunda, tercera y cuarta pasarela peatonal quebrada arriba de las vías. Ya nos aproximábamos a Lampa cuando vimos un cuadro apocalíptico, igual a la película Tornado: una chimenea de humo negro que a lo lejos, cubría todo el cielo. Al poco rato, entramos en la niebla. En un pedazo espacial negro, frío, con un olor tóxico. Una de las fábricas, que después supimos cuál era, se estaba incendiando. A lo lejos, se veían más focos del fuego. Por la misma pista en la que íbamos, los autos se devolvían en 180 grados. Tuvimos que darnos vuelta para entrar a la caletera. Ahí una fila interminable de autos, camiones, gente que había huido desde la costa al igual que nosotras, avanzábamos increíblemente despacio. Pasamos por Colina y Quilicura hasta que al fin entramos a la ruta camino al centro de Santiago. Miré el reloj: nos demoramos cuatro horas en llegar hasta la capital. Cuando me bajé, subí casi corriendo las escaleras con un bolso y el saco de dormir a cuestas hasta el sexto piso. Mamá salió sin pintura, con la ropa que se puso arriba del pijama. Nos abrazamos largo rato en la puerta. Nos abrazamos porque estábamos vivas y juntas. Nos abrazamos porque la torre, con escombros superficiales menos, aún estaba en pie y nosotras también.
28 febrero 2010
25 febrero 2010
In and out
Por Pepa Valenzuela
Por fuera: Me operé los ojos y ya no ocupo anteojos. Hay gente que recién ha descubierto que tengo los ojos verdes. No azulitos, ni esmeraldas, sino verde musgo, como los de mi papá. Cumplí 29 años y mis amigas me regalaron un alisado japonés que me dejó el pelo lisito, como planchado, las 24 horas del día. Volví a ser un poco más rubia en la pelu de la Juanita adonde vi el cambio de mando con las señoras del barrio entre puros alaridos de miedo. Creo que bajé de peso, aunque no es seguro porque nunca me subo arriba de una balanza. Encuentro que está de más torturarse por números. Con mi cuenta corriente me basta y me sobra. Volví a ponerme pareo, bikini y flor en el pelo para el cumpleaños hawaiano de mi amiga Carlita y le bailé un tamuré y un sau sau con la mejor de mis sonrisas y hundiendo la guata. También grabé un video para una despedida de soltera con una pintita con la que mamá me habría dado una buena patada en el traste. Bueno, ya no creo. "Ya estás vieja y peluda para saber lo que haces", me dijo ella. Ojo que lo de peluda, es completamente falso.
Por dentro: me embalé y me desinflé amorosamente en un tris. Descubrí que mi familia es más grande de lo que creía y que va más allá de la sangre: tenemos un clan. El Círculo de Hierro, que le pusimos. Ingrid, Diego, Andrea, Pablo, la Carlita y la cómo no, mi Carola. Con ellos estuve para mi cumpleaños. Con la Caro, para el cumple de mi madre. Entonces yo, que me creía tan sola, me di cuenta de que esta gente no me deja en paz y me gusta que me invadan mi soledad. También escudriñé en la nostalgia. Fui hasta el fondo de ella, reviví recuerdos bloqueados y volví a salir de la superficie llena de paz, sin odios ni rencores. Nunca he tenido mucho de eso. La diferencia es que antes, olvidaba. Bloqueaba, más bien. Ahora aprendí a convivir con mis daños con más entendimiento y sin que me dañaran más. También constaté que soy mucho más frágil de lo que me muestro y que allá afuera, la trampa es mucho más común de lo que creía. Por lo tanto, entendí que yo no sé jugar. Y por eso oscilo entre la fe - y asomo mi nariz al mundo - y el miedo, cuando vuelvo a encerrarme en mi privadísima caparazón que sí, aún cerca de mis treinta años, es rosada, con blondas, pajaritos y mariposas. Tonta lesa yo. Porque lo más divertido de todo, es que sigo creyendo que así se puede vivir. Que derechamente es la única manera válida de ser feliz. A pesar de que en todos estos años, la evidencia me ha demostrado precisamente todo lo contrario.
Por Pepa Valenzuela
Por fuera: Me operé los ojos y ya no ocupo anteojos. Hay gente que recién ha descubierto que tengo los ojos verdes. No azulitos, ni esmeraldas, sino verde musgo, como los de mi papá. Cumplí 29 años y mis amigas me regalaron un alisado japonés que me dejó el pelo lisito, como planchado, las 24 horas del día. Volví a ser un poco más rubia en la pelu de la Juanita adonde vi el cambio de mando con las señoras del barrio entre puros alaridos de miedo. Creo que bajé de peso, aunque no es seguro porque nunca me subo arriba de una balanza. Encuentro que está de más torturarse por números. Con mi cuenta corriente me basta y me sobra. Volví a ponerme pareo, bikini y flor en el pelo para el cumpleaños hawaiano de mi amiga Carlita y le bailé un tamuré y un sau sau con la mejor de mis sonrisas y hundiendo la guata. También grabé un video para una despedida de soltera con una pintita con la que mamá me habría dado una buena patada en el traste. Bueno, ya no creo. "Ya estás vieja y peluda para saber lo que haces", me dijo ella. Ojo que lo de peluda, es completamente falso.
Por dentro: me embalé y me desinflé amorosamente en un tris. Descubrí que mi familia es más grande de lo que creía y que va más allá de la sangre: tenemos un clan. El Círculo de Hierro, que le pusimos. Ingrid, Diego, Andrea, Pablo, la Carlita y la cómo no, mi Carola. Con ellos estuve para mi cumpleaños. Con la Caro, para el cumple de mi madre. Entonces yo, que me creía tan sola, me di cuenta de que esta gente no me deja en paz y me gusta que me invadan mi soledad. También escudriñé en la nostalgia. Fui hasta el fondo de ella, reviví recuerdos bloqueados y volví a salir de la superficie llena de paz, sin odios ni rencores. Nunca he tenido mucho de eso. La diferencia es que antes, olvidaba. Bloqueaba, más bien. Ahora aprendí a convivir con mis daños con más entendimiento y sin que me dañaran más. También constaté que soy mucho más frágil de lo que me muestro y que allá afuera, la trampa es mucho más común de lo que creía. Por lo tanto, entendí que yo no sé jugar. Y por eso oscilo entre la fe - y asomo mi nariz al mundo - y el miedo, cuando vuelvo a encerrarme en mi privadísima caparazón que sí, aún cerca de mis treinta años, es rosada, con blondas, pajaritos y mariposas. Tonta lesa yo. Porque lo más divertido de todo, es que sigo creyendo que así se puede vivir. Que derechamente es la única manera válida de ser feliz. A pesar de que en todos estos años, la evidencia me ha demostrado precisamente todo lo contrario.
30 diciembre 2009

Balance 2009
Vieja lo aprendí: los número pesan más que las palabras. Así es que a la hora de los conteos, hago un resumen estadístico del año que se está yendo, a modo de registro estimativo para programar las metas del 2010.
Recuento profesional:
1. Trabajos perdidos: 3
Me fui de Paula por varios motivos. Fue un parto doloroso y lloré una semana. También tomé demasiado pisco sour mientras meditaba mi decisión. Pero finalmente emigré, básicamente por razones de principios. Porque ya no estaba siendo feliz. Porque a la hora de los quiubos, entre plata y felicidad, opto siempre por lo segundo y hasta ahora, creo que es una de las mejoras lógicas que tengo. Las otras dos pegas perdidas son de entrevistadora de Magazine en La Nación Domingo. Cambiaron los mandos y también las órdenes. Olí a autocensura y me pidieron que me "metiera una chiva" a un entrevistado que no querían desde la gerencia del diario en sus páginas. Ahí me retiré. Pobre, pero digna. Tercera pega perdida: una entrevista medio lesa en una revista de una constructora. Querían a personajes top para hacerle preguntas indiscretas acerca de cómo habitaba los espacios de su hogar. El pudor fue más fuerte.
2. Trabajos ganados: 1 De Paula me fui a la revista Ya de El Mercurio a colaborar. Y fue uno de los grandes aciertos de este 2009. A pesar de que físicamente no voy mucho para el diario (es un pique más o menos desde donde vivo) estoy gratamente sorprendida con la gente de la revista. Toman en cuenta mis ideas, confían en mi capacidad y siempre están al agüaite para ayudarla a una en caso de incendios. Mi editora nueva, además, es un sol, aunque suene chupamedias.
3. Trabajos estables: 2
Persistí en dos frentes este año (y espero que también en el próximo): como columnista en LUN - he incursionado también como modelo senior en algunas fotos de la columna con gran éxito entre el público masculino, modestia aparte - y como profesora de Medios y Técnicas Narrativas en la Portales, algo que adoro hacer. No se me nota en clases, pero soy una profesora mamona. Y en el fondo, aunque los lesee y les exija, quiero mucho a mis alumnos. Y ando pecho paloma cuando veo que están avanzando.
4. Ingresos extra: 0
Gracias a Dios soy una mujer previsora.
5. Gastos extra: 1
Compré un nuevo notebook. El viejo tarro es muy pesado, aunque ahora lo limpiaré y se lo daré a mamá para que escriba sus historias. (Le pega, la señora)
6. Oficio nuevo: 1
Cantante aficionada de karaoke. El público me ha alentado a seguir. Os quiero, os amo, os adoro.
7. Premios obtenidos: 1
Un premio de periodismo de la PNUD y la agencia de noticias SIP. Chochera total.
Recuento en salud:
1. Recaídas patológicas: 1
Pensé que estaba curada pero no. A fines de este año, empecé de nuevo a levantarme semi dormida para comer galletas de noche. Una casi tuvo trágicas consecuencias: me resbalé en la cocina con un poco de jugo que había caido al suelo y por afirmarme en la mesa, quedé con una horrible cicatriz en el brazo. No importa: si me hubiera caido sin más, perezco sola en mi departamento. Sin pena ni gloria y en un pijama bastante poco hot.
2. Mejoras: 1
La más importante de todas. Durante el 2009, todos mis exámenes de mi calvario, salieron espectaculares. El doctor me dio el alta. Y yo me apoyo con vitaminas para el futuro.
3. Kilos de más: 5
Voy a demandar a ese gimnasio. Sigo yendo a clases de spinning. Transpiro como una yegua. Y así y todo, subí de peso. El colmo. Sospecho que el pisco sour tiene harto que ver con esto.
Recuento afectivo amoroso personal
1. Pololo con doble personalidad perdido: 1
Sin comentarios. Sólo que estoy muy agradecida de haber visto las cosas a tiempo.
2. Reencuentros del tercer tipo con el pasado: 2
3. Arrepentimientos por reencuentros del tercer tipo con el pasado: 1000
4. Ahijadas ganadas: 2
Tienen 12 y 11 años y viven en un hogar de niñas en Buin. Vinieron a pasar la navidad conmigo y me dieron los días más intensos y emocionantes de este año por lejos. Me dijeron mamá, pero seré su madrina. (A todo esto, las extraño como china)
5. Episodio de violencia intrapololear: 1
6. Cuñado misógino de nombre insólito perdido: 1
Gracias al señor y a todos los santos.
7. Jotes en su camino: varios
8. Pretendientes serios: quién sabe. No pongo las manos al fuego por nadie.
9. Citas: 2
Una, muy decepcionante. La otra, la mejor que he tenido hasta ahora. Lo pasé flor. Y lo más importante de todo: acepté salir. Porque esa es la otra: siempre ando a la defensiva y digo que no. Y esa vez, dije sí. Un avance de mi parte. Estrellita para mí. Y una suertaza del caballero en cuestión, que me pilló sin las barreras de costumbre.
10. Amigas perdidas: 2.
11. Amigas ganadas: varias. Todas gracias a la colaboración de Carlita, más conocida como semilla de maldad. Las quiero chiquillas del Harepoki. Te quiero, Ceci de Carlita.
12. Ramos de novia agarrados: 1
Saque ud sus propias conclusiones.
Adiós 2009. Bienvenido 2010.
07 diciembre 2009
Hace unos años, llegó a mis manos el fantástico artículo de la talentosa periodista Andrea Lagos llamado Retrato de un Poeta Suicida sobre la vida, obra y muerte del poeta Rodrigo Lira, muerto en Navidad. Ahí hay extractos de un Curriculum Vitae que Lira escribe con humor, sensatez y honestidad brutales. Un curriculum muy poco convencional que revela la genialidad de un poeta único. Hace poco, releí el artículo y decidí aventurarme a elaborar mi propio currículum a lo Lira. Jamás para compararme con él, no le llegaría ni a los talones. Sí, para entenderme un poco más. Y esto fue lo que resultó.
Currículum Vitae
Datos Personales:
Nombre: Mantengamos el misterio: la postulante tiene el nombre artístico de Pepa Valenzuela
Fecha de nacimiento: 4 de febrero de 1981
Estado Civil: Soltera (Mitad de mala suerte y mitad de maña de la postulante quien no deja de frustrarse al respecto)
Profesión: Periodista libre, libertaria, mas no libertina
Antecedentes de estudio:
a) Enseñanza universitaria: Facultad de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Chile 1999-2003. A pesar de sus pocas ambiciones materiales, la postulante debe reconocer que estudió ahí no por razones políticas ni religiosas, ni siquiera por prestigio académico. Ya le había dicho su padre que ser periodista no le traería grandes dividendos no importando dónde estudiara esa “porquería”, vocablo que pronunciaba con una marcada papa en la boca para darse aires de grandeza. La postulante acabó en la Pontificia Universidad, a pesar de tener una relación absolutamente de amor-odio con un Dios que ella tutea patudamente, luego de ir personalmente la biblioteca de las dos opciones que barajaba. Después de comprobar que en la Universidad de Chile la biblioteca se caía a pedazos y no había más que un par de ejemplares de libros antiquísimos y de ver con sus propios ojos el paraíso de letras que tenía la Universidad Católica, terminó quedándose ahí. Aún sabiendo que sus compañeros serían en su gran mayoría hijos de papá, una categoría juvenil que hasta ese entonces la postulante despreciaba profundamente.
b) Enseñanza media
Saint Gabriel´s English School, 1995-1998, un colegio británico, el menos millonario de todos en Santiago donde la postulante gritó a los cuatros vientos que no quería estar hasta sus doce años. Sentía la postulante que ése no era el mundo que le correspondía, algo que podía percibir viendo a sus vecinos, todos matriculados en colegios fiscales con número. Pero ante la insistencia de su madre, una secretaria bilingüe que a las alturas de matricular a su única hija en un colegio, ya tenía noción que tendría que darle herramientas decentes para un futuro donde no contaría con su padre, un acérrimo avaro, a la postulante no le quedó otra que aguantar. Hasta que descubrió que en el mundo de adinerados también había amigos valiosísimos y se dejó de reclamar.
c) Enseñanza básica:
Saint Gabriel´s English School, 1986- 1994
Otros antedentes de estudio
a ) Idiomas:
La postulante escribe, lee y habla fluidamente el inglés –con un marcado acento británico que ella exagera para no pasar vergüenzas – pero nunca logró siquiera pronunciar el francés. Aunque la postulante entiende algo del idioma, considera que es incapaz de realizar el esfuerzo gutural que éste implica. Tampoco le importa demasiado: creyó entender hace muchos años que el castellano es el idioma más rico de todos.
Experiencia laboral
La postulante no registra antecedentes laborales en otras áreas más que el periodismo escrito, exceptuando el rol de empaquetadora de regalos navideños que desempeñó a sus 16 años exclusivamente para comprarle una vajilla nueva a su madre, a estas alturas, retirada contra su voluntad de la fuerza laboral por acercarse a la descomunal edad de cincuenta años. Sin embargo, desde los siete años la postulante no ha parado de escribir. Primero, poemas cursis pero predictivos. Luego revistas para sus cursos escolares. Después, cuentos que a decir verdad, son malísimos y la madre de la postulante guarda sagradamente para vergüenza de la hija. Hasta que el periodismo, pero principalmente un aviso del diario llamando a columnistas jóvenes a concursar para escribir un diario nacional, la salvó de la cursilería – aunque no del todo cuando la postulante se conmueve con historias humanas. Desde entonces la postulante tiene una doble vida: una de columnista donde firma como Pepa Valenzuela heroína honesta, que el 90% del tiempo fracasa en sus cometidos, sobre todo en los amorosos, y la otra de periodista seria, donde la postulante efectúa entrevistas, perfiles, reportajes y artículos que firma con su nombre real y publica donde haya un editor dispuesto y buena voluntad que aún crea en el periodismo de verdad (La postulante registra renuncias y consecuentes mermas en sus ingresos, cuando no está de acuerdo con líneas editoriales, jefes explotadores o editores con ganas gerenciales)
Hasta ahora, la postulante sólo ha tenido un trabajo fijo, como reportera y redactora en revista Fibra. Desde entonces, ha deambulado como periodista colaboradora por casi todas las revistas nacionales. Hasta ahora, la postulante trabaja desde su departamento de 37 metros cuadrados (sin terraza) desde donde escribe principalmente de día. La postulante teclea muy rápido y no para la grabadora para descasetear, generalmente se demora muchísimo en aceptar la primera línea de sus textos y cuando termina, se pregunta cómo la leerán los protagonistas de sus historias. A las ocho en punto, a la postulante se le apaga el cerebro y debe irse a dormir o a leer para no escribir estupideces. Duerme mal: a veces se levanta a mitad de la noche para comer galletas semi dormida. Y otras, tiene sueños predictivos, la mayoría de las veces con un ex novio que ella ha idealizado en su memoria, pero que en el recuento objetivo de los hechos, sólo ocasionó grandes descalabros en su vida.
Premios obtenidos
La postulante ha obtenido dos veces un premio otorgado por la Comisión Europea por defensa de derechos humanos y democracia, a sus 25 y 26 años respectivamente, cosa que en su país nunca se supo. El día que estaba recibiendo su primer premio en Bruselas, la portada de los diarios nacionales era un topless de la ex reina nacional de belleza, Cecilia Bolocco, algo que enrabió más que nada a la madre de la postulante que a ella. En Chile, la postulante sólo registra una mención honrosa por un reportaje sobre la vida íntima de los animales del zoológico de Santiago, un diploma por su hermosa caligrafía en primero básico, tres títulos de mejor compañera en el colegio y un reconocimiento a sus buenas piernas en la Universidad.
Otras actividades:
- La postulante pinta a veces, cada vez menos, cuadros excesivamente coloridos a los que últimamente les pega florecitas, botones de rosas de género, fotos antiguas y brillos.
- La postulante lee compulsivamente, sobre todo las tardes de sábado y domingo antes de quedarse dormida.
- Dos veces a la semana, la postulante acude sagradamente a un gimnasio cercano a su hogar para transpirar la gota gorda en bicicletas estáticas. Lo hace por dos razones: sacarse el estrés de encima, que en el caso de la postulante se aloja como un nudo ciego en la parte trasera del cuello y para mantenerse relativamente contorneada. La postulante es vanidosa, aunque no en exceso: ha empezado a usar productos de belleza básicamente por una columna consumista que tiene, pero aplicarse cremas y productos le da una lata espantosa. La postulante quiere envejecer con dignidad.
- Los días viernes la postulante, en pijama, realiza el aseo completo de su mini departamento. Es muy limpia y odia el desorden y la mugre.
- Últimamente, la postulante acude a un karaoke junto sus amistades a modo de terapia después de unas horrorosas decepciones amorosas que a la postulante le provocaron hasta vómitos. Ahí, despliega todo su potencial artístico y entona principalmente canciones de odio de Gloria Trevi, a quien la postulante denominó “la trovadora”, Myriam Hernández para vergüenza de sus amistades, y Paulina Rubio.
- La postulante fue bailarina de danza polinésica durante cuatro años. Ahora le encanta bailar merengue y salsa, pero exclusivamente con alguien que le dé confianza y la sepa llevar bien. La postulante es chúcara: no baila con cualquiera, menos con desconocidos producto de una patológica desconfianza en los hombres que sembraron sus dos novios anteriores. Pero cuando encuentra bailarines dotados y conocidos, la postulante se entrega al ritmo sin muchos pudores.
- La postulante imita el video La Loba de Shakira con horribles secuelas físicas.
- La postulante toma pisco sour en cantidades considerables.
- La postulante fuma como china.
- La postulante le habla a sus plantas y ve Friends los sábados por la mañana.
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