In and out
Por Pepa Valenzuela
Por fuera: Me operé los ojos y ya no ocupo anteojos. Hay gente que recién ha descubierto que tengo los ojos verdes. No azulitos, ni esmeraldas, sino verde musgo, como los de mi papá. Cumplí 29 años y mis amigas me regalaron un alisado japonés que me dejó el pelo lisito, como planchado, las 24 horas del día. Volví a ser un poco más rubia en la pelu de la Juanita adonde vi el cambio de mando con las señoras del barrio entre puros alaridos de miedo. Creo que bajé de peso, aunque no es seguro porque nunca me subo arriba de una balanza. Encuentro que está de más torturarse por números. Con mi cuenta corriente me basta y me sobra. Volví a ponerme pareo, bikini y flor en el pelo para el cumpleaños hawaiano de mi amiga Carlita y le bailé un tamuré y un sau sau con la mejor de mis sonrisas y hundiendo la guata. También grabé un video para una despedida de soltera con una pintita con la que mamá me habría dado una buena patada en el traste. Bueno, ya no creo. "Ya estás vieja y peluda para saber lo que haces", me dijo ella. Ojo que lo de peluda, es completamente falso.
Por dentro: me embalé y me desinflé amorosamente en un tris. Descubrí que mi familia es más grande de lo que creía y que va más allá de la sangre: tenemos un clan. El Círculo de Hierro, que le pusimos. Ingrid, Diego, Andrea, Pablo, la Carlita y la cómo no, mi Carola. Con ellos estuve para mi cumpleaños. Con la Caro, para el cumple de mi madre. Entonces yo, que me creía tan sola, me di cuenta de que esta gente no me deja en paz y me gusta que me invadan mi soledad. También escudriñé en la nostalgia. Fui hasta el fondo de ella, reviví recuerdos bloqueados y volví a salir de la superficie llena de paz, sin odios ni rencores. Nunca he tenido mucho de eso. La diferencia es que antes, olvidaba. Bloqueaba, más bien. Ahora aprendí a convivir con mis daños con más entendimiento y sin que me dañaran más. También constaté que soy mucho más frágil de lo que me muestro y que allá afuera, la trampa es mucho más común de lo que creía. Por lo tanto, entendí que yo no sé jugar. Y por eso oscilo entre la fe - y asomo mi nariz al mundo - y el miedo, cuando vuelvo a encerrarme en mi privadísima caparazón que sí, aún cerca de mis treinta años, es rosada, con blondas, pajaritos y mariposas. Tonta lesa yo. Porque lo más divertido de todo, es que sigo creyendo que así se puede vivir. Que derechamente es la única manera válida de ser feliz. A pesar de que en todos estos años, la evidencia me ha demostrado precisamente todo lo contrario.
25 febrero 2010
30 diciembre 2009

Balance 2009
Vieja lo aprendí: los número pesan más que las palabras. Así es que a la hora de los conteos, hago un resumen estadístico del año que se está yendo, a modo de registro estimativo para programar las metas del 2010.
Recuento profesional:
1. Trabajos perdidos: 3
Me fui de Paula por varios motivos. Fue un parto doloroso y lloré una semana. También tomé demasiado pisco sour mientras meditaba mi decisión. Pero finalmente emigré, básicamente por razones de principios. Porque ya no estaba siendo feliz. Porque a la hora de los quiubos, entre plata y felicidad, opto siempre por lo segundo y hasta ahora, creo que es una de las mejoras lógicas que tengo. Las otras dos pegas perdidas son de entrevistadora de Magazine en La Nación Domingo. Cambiaron los mandos y también las órdenes. Olí a autocensura y me pidieron que me "metiera una chiva" a un entrevistado que no querían desde la gerencia del diario en sus páginas. Ahí me retiré. Pobre, pero digna. Tercera pega perdida: una entrevista medio lesa en una revista de una constructora. Querían a personajes top para hacerle preguntas indiscretas acerca de cómo habitaba los espacios de su hogar. El pudor fue más fuerte.
2. Trabajos ganados: 1 De Paula me fui a la revista Ya de El Mercurio a colaborar. Y fue uno de los grandes aciertos de este 2009. A pesar de que físicamente no voy mucho para el diario (es un pique más o menos desde donde vivo) estoy gratamente sorprendida con la gente de la revista. Toman en cuenta mis ideas, confían en mi capacidad y siempre están al agüaite para ayudarla a una en caso de incendios. Mi editora nueva, además, es un sol, aunque suene chupamedias.
3. Trabajos estables: 2
Persistí en dos frentes este año (y espero que también en el próximo): como columnista en LUN - he incursionado también como modelo senior en algunas fotos de la columna con gran éxito entre el público masculino, modestia aparte - y como profesora de Medios y Técnicas Narrativas en la Portales, algo que adoro hacer. No se me nota en clases, pero soy una profesora mamona. Y en el fondo, aunque los lesee y les exija, quiero mucho a mis alumnos. Y ando pecho paloma cuando veo que están avanzando.
4. Ingresos extra: 0
Gracias a Dios soy una mujer previsora.
5. Gastos extra: 1
Compré un nuevo notebook. El viejo tarro es muy pesado, aunque ahora lo limpiaré y se lo daré a mamá para que escriba sus historias. (Le pega, la señora)
6. Oficio nuevo: 1
Cantante aficionada de karaoke. El público me ha alentado a seguir. Os quiero, os amo, os adoro.
7. Premios obtenidos: 1
Un premio de periodismo de la PNUD y la agencia de noticias SIP. Chochera total.
Recuento en salud:
1. Recaídas patológicas: 1
Pensé que estaba curada pero no. A fines de este año, empecé de nuevo a levantarme semi dormida para comer galletas de noche. Una casi tuvo trágicas consecuencias: me resbalé en la cocina con un poco de jugo que había caido al suelo y por afirmarme en la mesa, quedé con una horrible cicatriz en el brazo. No importa: si me hubiera caido sin más, perezco sola en mi departamento. Sin pena ni gloria y en un pijama bastante poco hot.
2. Mejoras: 1
La más importante de todas. Durante el 2009, todos mis exámenes de mi calvario, salieron espectaculares. El doctor me dio el alta. Y yo me apoyo con vitaminas para el futuro.
3. Kilos de más: 5
Voy a demandar a ese gimnasio. Sigo yendo a clases de spinning. Transpiro como una yegua. Y así y todo, subí de peso. El colmo. Sospecho que el pisco sour tiene harto que ver con esto.
Recuento afectivo amoroso personal
1. Pololo con doble personalidad perdido: 1
Sin comentarios. Sólo que estoy muy agradecida de haber visto las cosas a tiempo.
2. Reencuentros del tercer tipo con el pasado: 2
3. Arrepentimientos por reencuentros del tercer tipo con el pasado: 1000
4. Ahijadas ganadas: 2
Tienen 12 y 11 años y viven en un hogar de niñas en Buin. Vinieron a pasar la navidad conmigo y me dieron los días más intensos y emocionantes de este año por lejos. Me dijeron mamá, pero seré su madrina. (A todo esto, las extraño como china)
5. Episodio de violencia intrapololear: 1
6. Cuñado misógino de nombre insólito perdido: 1
Gracias al señor y a todos los santos.
7. Jotes en su camino: varios
8. Pretendientes serios: quién sabe. No pongo las manos al fuego por nadie.
9. Citas: 2
Una, muy decepcionante. La otra, la mejor que he tenido hasta ahora. Lo pasé flor. Y lo más importante de todo: acepté salir. Porque esa es la otra: siempre ando a la defensiva y digo que no. Y esa vez, dije sí. Un avance de mi parte. Estrellita para mí. Y una suertaza del caballero en cuestión, que me pilló sin las barreras de costumbre.
10. Amigas perdidas: 2.
11. Amigas ganadas: varias. Todas gracias a la colaboración de Carlita, más conocida como semilla de maldad. Las quiero chiquillas del Harepoki. Te quiero, Ceci de Carlita.
12. Ramos de novia agarrados: 1
Saque ud sus propias conclusiones.
Adiós 2009. Bienvenido 2010.
07 diciembre 2009
Hace unos años, llegó a mis manos el fantástico artículo de la talentosa periodista Andrea Lagos llamado Retrato de un Poeta Suicida sobre la vida, obra y muerte del poeta Rodrigo Lira, muerto en Navidad. Ahí hay extractos de un Curriculum Vitae que Lira escribe con humor, sensatez y honestidad brutales. Un curriculum muy poco convencional que revela la genialidad de un poeta único. Hace poco, releí el artículo y decidí aventurarme a elaborar mi propio currículum a lo Lira. Jamás para compararme con él, no le llegaría ni a los talones. Sí, para entenderme un poco más. Y esto fue lo que resultó.
Currículum Vitae
Datos Personales:
Nombre: Mantengamos el misterio: la postulante tiene el nombre artístico de Pepa Valenzuela
Fecha de nacimiento: 4 de febrero de 1981
Estado Civil: Soltera (Mitad de mala suerte y mitad de maña de la postulante quien no deja de frustrarse al respecto)
Profesión: Periodista libre, libertaria, mas no libertina
Antecedentes de estudio:
a) Enseñanza universitaria: Facultad de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Chile 1999-2003. A pesar de sus pocas ambiciones materiales, la postulante debe reconocer que estudió ahí no por razones políticas ni religiosas, ni siquiera por prestigio académico. Ya le había dicho su padre que ser periodista no le traería grandes dividendos no importando dónde estudiara esa “porquería”, vocablo que pronunciaba con una marcada papa en la boca para darse aires de grandeza. La postulante acabó en la Pontificia Universidad, a pesar de tener una relación absolutamente de amor-odio con un Dios que ella tutea patudamente, luego de ir personalmente la biblioteca de las dos opciones que barajaba. Después de comprobar que en la Universidad de Chile la biblioteca se caía a pedazos y no había más que un par de ejemplares de libros antiquísimos y de ver con sus propios ojos el paraíso de letras que tenía la Universidad Católica, terminó quedándose ahí. Aún sabiendo que sus compañeros serían en su gran mayoría hijos de papá, una categoría juvenil que hasta ese entonces la postulante despreciaba profundamente.
b) Enseñanza media
Saint Gabriel´s English School, 1995-1998, un colegio británico, el menos millonario de todos en Santiago donde la postulante gritó a los cuatros vientos que no quería estar hasta sus doce años. Sentía la postulante que ése no era el mundo que le correspondía, algo que podía percibir viendo a sus vecinos, todos matriculados en colegios fiscales con número. Pero ante la insistencia de su madre, una secretaria bilingüe que a las alturas de matricular a su única hija en un colegio, ya tenía noción que tendría que darle herramientas decentes para un futuro donde no contaría con su padre, un acérrimo avaro, a la postulante no le quedó otra que aguantar. Hasta que descubrió que en el mundo de adinerados también había amigos valiosísimos y se dejó de reclamar.
c) Enseñanza básica:
Saint Gabriel´s English School, 1986- 1994
Otros antedentes de estudio
a ) Idiomas:
La postulante escribe, lee y habla fluidamente el inglés –con un marcado acento británico que ella exagera para no pasar vergüenzas – pero nunca logró siquiera pronunciar el francés. Aunque la postulante entiende algo del idioma, considera que es incapaz de realizar el esfuerzo gutural que éste implica. Tampoco le importa demasiado: creyó entender hace muchos años que el castellano es el idioma más rico de todos.
Experiencia laboral
La postulante no registra antecedentes laborales en otras áreas más que el periodismo escrito, exceptuando el rol de empaquetadora de regalos navideños que desempeñó a sus 16 años exclusivamente para comprarle una vajilla nueva a su madre, a estas alturas, retirada contra su voluntad de la fuerza laboral por acercarse a la descomunal edad de cincuenta años. Sin embargo, desde los siete años la postulante no ha parado de escribir. Primero, poemas cursis pero predictivos. Luego revistas para sus cursos escolares. Después, cuentos que a decir verdad, son malísimos y la madre de la postulante guarda sagradamente para vergüenza de la hija. Hasta que el periodismo, pero principalmente un aviso del diario llamando a columnistas jóvenes a concursar para escribir un diario nacional, la salvó de la cursilería – aunque no del todo cuando la postulante se conmueve con historias humanas. Desde entonces la postulante tiene una doble vida: una de columnista donde firma como Pepa Valenzuela heroína honesta, que el 90% del tiempo fracasa en sus cometidos, sobre todo en los amorosos, y la otra de periodista seria, donde la postulante efectúa entrevistas, perfiles, reportajes y artículos que firma con su nombre real y publica donde haya un editor dispuesto y buena voluntad que aún crea en el periodismo de verdad (La postulante registra renuncias y consecuentes mermas en sus ingresos, cuando no está de acuerdo con líneas editoriales, jefes explotadores o editores con ganas gerenciales)
Hasta ahora, la postulante sólo ha tenido un trabajo fijo, como reportera y redactora en revista Fibra. Desde entonces, ha deambulado como periodista colaboradora por casi todas las revistas nacionales. Hasta ahora, la postulante trabaja desde su departamento de 37 metros cuadrados (sin terraza) desde donde escribe principalmente de día. La postulante teclea muy rápido y no para la grabadora para descasetear, generalmente se demora muchísimo en aceptar la primera línea de sus textos y cuando termina, se pregunta cómo la leerán los protagonistas de sus historias. A las ocho en punto, a la postulante se le apaga el cerebro y debe irse a dormir o a leer para no escribir estupideces. Duerme mal: a veces se levanta a mitad de la noche para comer galletas semi dormida. Y otras, tiene sueños predictivos, la mayoría de las veces con un ex novio que ella ha idealizado en su memoria, pero que en el recuento objetivo de los hechos, sólo ocasionó grandes descalabros en su vida.
Premios obtenidos
La postulante ha obtenido dos veces un premio otorgado por la Comisión Europea por defensa de derechos humanos y democracia, a sus 25 y 26 años respectivamente, cosa que en su país nunca se supo. El día que estaba recibiendo su primer premio en Bruselas, la portada de los diarios nacionales era un topless de la ex reina nacional de belleza, Cecilia Bolocco, algo que enrabió más que nada a la madre de la postulante que a ella. En Chile, la postulante sólo registra una mención honrosa por un reportaje sobre la vida íntima de los animales del zoológico de Santiago, un diploma por su hermosa caligrafía en primero básico, tres títulos de mejor compañera en el colegio y un reconocimiento a sus buenas piernas en la Universidad.
Otras actividades:
- La postulante pinta a veces, cada vez menos, cuadros excesivamente coloridos a los que últimamente les pega florecitas, botones de rosas de género, fotos antiguas y brillos.
- La postulante lee compulsivamente, sobre todo las tardes de sábado y domingo antes de quedarse dormida.
- Dos veces a la semana, la postulante acude sagradamente a un gimnasio cercano a su hogar para transpirar la gota gorda en bicicletas estáticas. Lo hace por dos razones: sacarse el estrés de encima, que en el caso de la postulante se aloja como un nudo ciego en la parte trasera del cuello y para mantenerse relativamente contorneada. La postulante es vanidosa, aunque no en exceso: ha empezado a usar productos de belleza básicamente por una columna consumista que tiene, pero aplicarse cremas y productos le da una lata espantosa. La postulante quiere envejecer con dignidad.
- Los días viernes la postulante, en pijama, realiza el aseo completo de su mini departamento. Es muy limpia y odia el desorden y la mugre.
- Últimamente, la postulante acude a un karaoke junto sus amistades a modo de terapia después de unas horrorosas decepciones amorosas que a la postulante le provocaron hasta vómitos. Ahí, despliega todo su potencial artístico y entona principalmente canciones de odio de Gloria Trevi, a quien la postulante denominó “la trovadora”, Myriam Hernández para vergüenza de sus amistades, y Paulina Rubio.
- La postulante fue bailarina de danza polinésica durante cuatro años. Ahora le encanta bailar merengue y salsa, pero exclusivamente con alguien que le dé confianza y la sepa llevar bien. La postulante es chúcara: no baila con cualquiera, menos con desconocidos producto de una patológica desconfianza en los hombres que sembraron sus dos novios anteriores. Pero cuando encuentra bailarines dotados y conocidos, la postulante se entrega al ritmo sin muchos pudores.
- La postulante imita el video La Loba de Shakira con horribles secuelas físicas.
- La postulante toma pisco sour en cantidades considerables.
- La postulante fuma como china.
- La postulante le habla a sus plantas y ve Friends los sábados por la mañana.
24 noviembre 2009
22 noviembre 2009
Apuntes sobre el territorio amoroso
novedades:
67. El hombre de antes, distinguía dos tipos de mujeres: la mujer para casarse y la mujer para pasarlo bien. La mujer para casarse era una señorita educada y ojalá muy discreta en todo aspecto que ellos pudieran imaginar como la santa madre de sus hijos. La mujer para pasarlo bien era la que ellos, en el fondo de su corazón, habrían querido todas las noches en su cama, pero que jamás le hubieran presentado a su familia circunspecta. Las mujeres para casarse obtenían la estabilidad del hombre de antes. Las mujeres para pasarlo bien, su amor aunque a escondidas. El hombre de ahora, ese que está en la quemada de las decisiones, ya no hace la misma distinción. El hombre de ahora distingue otros dos tipos de mujeres: la mujer fácil de llevar y la mujer difícil de llevar. La mujer fácil de llevar, es que la que se parece a su madre y jamás les llevarán la contra. Esas son las mujeres para casarse de hoy para el 95% de los hombres actuales. La mujer difícil de llevar es la par, la mujer independiente, con opinión, que los hace cuestionarse y en el fondo de sus corazones, les aporta la intensidad, la chispa, el remezón. Las mujeres difíciles de llevar son las que quieren, pero no se atreven a tener. Son las entretenidas que añoran, pero que terminan estando solas o para la diversión del hombre de ahora quien a la hora de los quiubos, se quedará en definitiva con la mujer fácil de llevar para la vida entera. Aunque con ello, se aburran por el resto de sus cobardes días.
68. El lesbianismo es una opción sumamente inteligente.
69. El hombre sin ganas es una lata. El hombre con demasiadas ganas es un peligro ginecológico.
70. En el fondo de cada mujer, hasta de la más independiente, hay una princesa estúpidamente rosada que espera al príncipe azul. En el fondo de cada hombre, hasta del más sensato de todos, hay un actor porno imparable.
71. Nada más peligroso en el mundo que una mujer dolida.
72. Un dato: no hay nada más sencillo en el mundo que reconquistar a una mujer.
73. La democratización del sexo acabó con el romanticismo. Ahora, como el objetivo sexual está tan al alcance de la mano, no hay necesidad de grandes proezas amorosas para conseguir algo que se estima como un intercambio básico de necesidades. Aunque este ítem se considere como una modernización social de avanzada, es falso: el fin del romanticismo por la democratización del sexo, sólo nos ha reducido a la versión más primitiva del mundo animal.
74. Para el hombre narciso, el objetivo amoroso sólo es un medio para enamorarse más de sí mismo.
75. El que busca desesperado, encuentra improvisaciones, que como tales, casi siempre resultan de mala factura.
76. Hay dos razones – una efectiva y la otra no – por las cuales las mujeres vomitamos verdades e insultos después de un desplome amoroso. La primera, es la salud mental propia. La segunda, el intento de remezón para que el otro cambie, con una o en el futuro con otras. Vomitar por exclusivas razones de salud mental es una terapia que la mayoría de las veces, resulta ciento por ciento exitosa en la medida en la que una tenga claro que con el otro ya no quiere una segunda vuelta ni nada por el estilo. Es decir, cuando una lo hace sólo con el egoísta objetivo de sacarse un peso de encima. Pero vomitar para intentar remecer al otro con miras de cambio, es un sinsentido que jamás funciona. La gran mayoría de las personas y sobre todo los hombres, odian que les digan sus defectos. Por lo tanto, sólo tomarán ese vómito como la comprobación de que no tienen nada que hacer con alguien que les descubrió las fallas y nunca como un incentivo para hacerse mejores productos amatorios. Por lo tanto, si quiere provocar un cambio, guárdese sus verdades y sus docentes ganas de dar una lección de vida. Frente a eso, la única perjudicada será usted.
77. El peor momento de una relación amorosa no es el quiebre, sino la incertidumbre.
78. En materias amorosas no se pueden hacer declaraciones de principios tajantes. Casi siempre, lo que una jura que no hará jamás termina haciéndolo con el escupo en la mitad de la cara.
79. Hay hombres y mujeres que sólo aman cuando no las aman. Dime que no, como decía Arjona. Pero eso no tiene nada que ver con el amor. Eso, aquí y en la quebrada del ají se llama masoquismo.
09 noviembre 2009

Duelo triple
Por Pepa Valenzuela
Estoy en pijama, con los ojos hinchados de tanto llorar y el pelo revuelto cuando suena el timbre de mi departamento. Es la Carlita. Viene en mi rescate con una coca cola light en la mano y un paquete de cereales en la otra. “¿Viste? No te traje pisco sour”, me dice mi amiga y entra como Pedro por su casa, me da un abrazo de oso mientras yo le mojo con lagrimones su polera, se hace unos cereales con yogurt, me da bebida y se sienta en la alfombra de mi living. Hace un mes justo que a las dos, a las tres en realidad, porque la Cata no está porque está en las clases de su diplomado, pero anda en las mismas que nosotras, se nos desmoronó el mundo. Fue de un día para otro y como en un efecto dominó. Primero la Cata terminó una relación de dos años y medio sin recibir ninguna explicación razonable. Después vine yo, con un quiebre que me pilló absolutamente desprevenida en plenas fiestas patrias y en casa ajena. Y luego, la Carlita, quien hacía meses se hacía la loca supliendo el hecho de que en su hombre, le faltaba todo lo que ella necesitaba. Desde entonces estábamos las tres muy juntas. No nos dejábamos solas, por temor a caernos al suelo de la pena. Nos estábamos acompañando en un duelo triple y en la reconstrucción dando entre las tres, palos de ciegas. tres mujeres decepcionadas no son precisamente un acierto de cordura. Primero, conversamos. Conversamos hasta que nos cansamos de hablar de nuestros respectivos temas y desenrollar las madejas que nos habían dejado hechas pebre. Después, salimos. Salimos y nos tomamos hasta el agua del florero mientras hacíamos como que estábamos en nuestro mejor momento. La Carlita, cantaba en karaokes. Yo la acompañaba y la Cata nos daba apoyo moral mientras movía su humanidad tras bambalinas. También, coqueteamos. Y creímos ver señales divinas donde evidentemente no las había. Tuvimos pesadillas: la Carlita soñó con pilas supersónicas, la Cata con su hombre metido con muchas mujeres y yo, con verme de novia, pero horriblemente peinada. Y por último, nos detuvimos un poco para darnos cuenta de lo obvio: que la pena no se pasaba y necesitábamos seguir llorando un poquito más. La Cata lamó a su ex. Yo llamé al mío. Y la Carlita, entró en el autismo amoroso. Mientras les pedí a las dos, que por favor, frenáramos el desenfreno. Y hoy día, a la Carlita, que por favor viniera a darme un abrazo porque mi cuerpo no podía más con la tristeza.
La Carlita me da bebida, me enciende un cigarro, me escucha y luego dice lo que haría en mi lugar. Lo anoto mentalmente porque creo que ella está en mejores condiciones que yo para tener la custodia de mi comportamiento. No exponerse más, dice la Carlita. No buscar más respuestas del otro. No al sentimiento de culpa ni al autocastigo. Sólo apelar a la tranquilidad, a la convalescencia a solas. La Carlita, que es sicóloga, viene con look nuevo. Estaba rubia, pero ahora está morena. Le pregunto por qué se tiñó, si rubia se sentía tan contenta y llamativa. La Carlita no me contesta, pero se le aguan los ojos. Entonces sé que es el castigo que se impuso y la pillo de sorpresa con esa afirmación. “En realidad, es cierto. No quiero que nadie me vea. Quiero ser invisible”, me explica y se ovilla sobre su propio cuerpo. Yo la abrazo y le saco el pelo moreno de la cara. La Carlita me dice que no entiende nada de lo que está pasando. Que no sabe por qué nos tocó a nosotras y a estas alturas, tan aterradoramente cerca de los treinta, estar de nuevo solas. Yo tampoco tengo una respuesta para eso. Pero cuando las dos estamos echadas sobre mi cama viendo Donde Está Elisa y nos tapamos los ojos con las dos manos en el final del capítulo, al menos agradezco que ahora, cuando más las necesito, tengo a dos amigas que a pesar de estar igual de tambaleantes que yo, vienen a mi rescate cuando grito.
30 octubre 2009
Viaje a la decepción
Por Pepa Valenzuela
La desesperanza es un terreno entre la decepción y la muerte del alma. Primero, una aterriza en la decepción y cae en la cuenta de que toda la culpa del viaje es de las jodidas expectativas. Y luego, después de visitar muchas veces la decepción, llega a la desesperanza. A un terreno negro que te bloquea cualquier fe de futuro y que te hace dudar por primera vez si la reserva de un final feliz para ti realmente existe. Por eso, la desesperanza es un terreno peligroso, el más peligroso de todos: si esa duda se transforma en certeza, no queda otra cosa que la muerte del alma. Y por lo tanto, el fin de todo. Yo, todavía, dudo. Y al menos, tengo la voluntad de no convertir esa duda en una certeza. Aunque la desesperanza, a ratos, me traga la voluntad.
El otro día, llegué a la casa de una escritora de cincuenta y tantos, llena de plantas y de libros. Cuando me abrió la puerta, tenía los ojos vidriosos. Me dijo: "Au, vienes con fotógrafo y yo estoy fea porque estaba llorando un poquito". La escritora visitaba por esos días el terreno de la decepción. Había descubierto meses atrás que su amor por más de veinte años, tenía otra mujer. Y ella, que se creía desconfiada por naturaleza, viva, cayó violentamente en ese territorio amargo cuando lo supo. "De todas las personas del mundo, pensé que el único que no me iba a traicionar, sería él", me explicó ella. Y luego me dijo: "Entonces lloro por su muerte. Porque cuando pierdes a alguien que amas, es como si esa persona si hubiera muerto". Por esos días, yo también atravesaba el pantano de la decepción y gracias a las palabras de la escritora, entendí que también estaba lidiando con un duelo. Con la muerte de alguien a quien amé profundamente a pesar de nuestras diferencias y que tampoco pensé jamás que terminaría decepcionándome. Entonces, cuando llegué a mi casa, lloré. Lloré igual que la escritora: sin hipo, con calma, con ese dolor sin vueltas ni arreglos que tiene la muerte.
Días más tarde, reviví mis visitas anteriores a la decepción. Habían sido varias visitas. Demasiadas para lo que creía merecer. Y también comprobé que la mayoría de ellas, habían sido provocadas por hombres. Por los hombres de mi vida. Desde mi padre hasta los hombres que en algún momento, debieron cuidarme y acabaron arrojándome a esos viajes eternos y oscuros. También me di cuenta de que había un solo recuerdo al que me podía aferrar. Que había en mi memoria, un solo hombre que hasta ese instante, no se me había muerto en el alma. Su recuerdo era una estampita luminosa que al cabo de otras decepciones, me ayudaba a regresar a la vida esperanzada. Ese hombre también había tenido sus peros, como seguramente yo los tengo y los tuve para él y los demás. Pero su única diferencia es que había enmendado sus errores. Tuvo en su momento, una voluntad temeraria para resolverlos. Al menos, para asumir que no eran lo que habría querido hacer. Ahí supe algo más importante aún: la gente no te decepciona cuando no se ajusta a tus expectativas, cuando permanece perfectamente ante tus ojos, cuando no comete errores. La gente te decepciona cuando descubres que no son capaces de ver sus peros, cuando no les importa verlos, cuando no tienen la voluntad de resolverlos, cuando prefieren arrojarte al vacío de la decepción antes que desanudar los nudos que han hecho en tu corazón. Lo que decepciona de un otro es la indiferencia, la crueldad, que te dejen varada en la incertidumbre sin respuestas ni excusas. La decepción llega cuando te das cuenta de que al otro, tú no le importas nada. Cuando haces preguntas y no tienes respuestas. Cuando descubres, desarmada, que deberás hacer un esfuerzo sobrehumano por contestarte sola, volver a creer en ti sin que ninguna evidencia respalde tu convicción. Y así puedas salir del paso hacia la muerte del alma, antes de que la desesperanza te trague por completo.
Por Pepa Valenzuela
La desesperanza es un terreno entre la decepción y la muerte del alma. Primero, una aterriza en la decepción y cae en la cuenta de que toda la culpa del viaje es de las jodidas expectativas. Y luego, después de visitar muchas veces la decepción, llega a la desesperanza. A un terreno negro que te bloquea cualquier fe de futuro y que te hace dudar por primera vez si la reserva de un final feliz para ti realmente existe. Por eso, la desesperanza es un terreno peligroso, el más peligroso de todos: si esa duda se transforma en certeza, no queda otra cosa que la muerte del alma. Y por lo tanto, el fin de todo. Yo, todavía, dudo. Y al menos, tengo la voluntad de no convertir esa duda en una certeza. Aunque la desesperanza, a ratos, me traga la voluntad.
El otro día, llegué a la casa de una escritora de cincuenta y tantos, llena de plantas y de libros. Cuando me abrió la puerta, tenía los ojos vidriosos. Me dijo: "Au, vienes con fotógrafo y yo estoy fea porque estaba llorando un poquito". La escritora visitaba por esos días el terreno de la decepción. Había descubierto meses atrás que su amor por más de veinte años, tenía otra mujer. Y ella, que se creía desconfiada por naturaleza, viva, cayó violentamente en ese territorio amargo cuando lo supo. "De todas las personas del mundo, pensé que el único que no me iba a traicionar, sería él", me explicó ella. Y luego me dijo: "Entonces lloro por su muerte. Porque cuando pierdes a alguien que amas, es como si esa persona si hubiera muerto". Por esos días, yo también atravesaba el pantano de la decepción y gracias a las palabras de la escritora, entendí que también estaba lidiando con un duelo. Con la muerte de alguien a quien amé profundamente a pesar de nuestras diferencias y que tampoco pensé jamás que terminaría decepcionándome. Entonces, cuando llegué a mi casa, lloré. Lloré igual que la escritora: sin hipo, con calma, con ese dolor sin vueltas ni arreglos que tiene la muerte.
Días más tarde, reviví mis visitas anteriores a la decepción. Habían sido varias visitas. Demasiadas para lo que creía merecer. Y también comprobé que la mayoría de ellas, habían sido provocadas por hombres. Por los hombres de mi vida. Desde mi padre hasta los hombres que en algún momento, debieron cuidarme y acabaron arrojándome a esos viajes eternos y oscuros. También me di cuenta de que había un solo recuerdo al que me podía aferrar. Que había en mi memoria, un solo hombre que hasta ese instante, no se me había muerto en el alma. Su recuerdo era una estampita luminosa que al cabo de otras decepciones, me ayudaba a regresar a la vida esperanzada. Ese hombre también había tenido sus peros, como seguramente yo los tengo y los tuve para él y los demás. Pero su única diferencia es que había enmendado sus errores. Tuvo en su momento, una voluntad temeraria para resolverlos. Al menos, para asumir que no eran lo que habría querido hacer. Ahí supe algo más importante aún: la gente no te decepciona cuando no se ajusta a tus expectativas, cuando permanece perfectamente ante tus ojos, cuando no comete errores. La gente te decepciona cuando descubres que no son capaces de ver sus peros, cuando no les importa verlos, cuando no tienen la voluntad de resolverlos, cuando prefieren arrojarte al vacío de la decepción antes que desanudar los nudos que han hecho en tu corazón. Lo que decepciona de un otro es la indiferencia, la crueldad, que te dejen varada en la incertidumbre sin respuestas ni excusas. La decepción llega cuando te das cuenta de que al otro, tú no le importas nada. Cuando haces preguntas y no tienes respuestas. Cuando descubres, desarmada, que deberás hacer un esfuerzo sobrehumano por contestarte sola, volver a creer en ti sin que ninguna evidencia respalde tu convicción. Y así puedas salir del paso hacia la muerte del alma, antes de que la desesperanza te trague por completo.
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