24 mayo 2008



El laberinto del corazón


Abro la puerta de la pieza . La Mayra está envuelta en una bata de toalla blanca sentada en un sillón, rodeada de regalos. Hoy cumple 27 y está de regreso en la clínica. No fue su corazón esta vez. Ahora fue una vena del cuello que le dio dolores de cabeza y un tremendo susto a todos los que la queremos tanto. Según me explicó ella por teléfono ayer, pedagógica y tranquilamente, se trata de algo que viene incluido en su paquete. "Mis venas son marca chancho, made in China", suspiró. La Mayra siempre me sorprende con su azucarada forma de descarnar una verdad. Entro a la pieza con mi regalo entre las manos y la abrazo mucho rato. Le doy besos en su carita y le tomo su mano larga de dedos huesudos. Y ella, con sus 27 recién cumplidos, me sonríe feliz y me muestra la foto de un vedetto con globitos cumpleañeros en aquella parte que le trajeron sus amigas de la oficina para alegrarle el día. Dentro de la pieza, está su amigo, mi ex amigo. Ese que la primera vez, atinó y le salvó el pellejo a mi Mayra y que después de años yo tuve el descalabro de comprobar en primera persona que no era el caballerito adolorido que creíamos, sino otro malo disfrazado de perno ordenadito. Otro desdoblado más. Aunque no lo veo, tampoco lo pienso y lo saludo, como la damita que soy. A veces me sorprendo con mi buena educación. Porque quizás en este caso, debiera esperar hasta que se vaya, omitirlo o pegarle un buen combo en su carita de no rompo un huevo. Pero no lo hago. Mi amiga está enferma y eso es una tregua. A la picantería una no puede responder con picantería, menos en estas circunstancias. Y además, él está muy lejos de mí. Muy atrás y encapsulado en un mal recuerdo que dice Lapsus Mental Grave De Pepa. Desde entonces, han pasado muchas cosas. Muchísimas cosas y todavía no decido si son buenas o malas. Hay una buena, sí. Y como todo lo bueno, fue de improviso y como no lo tenía planificado. Así, ahora lo entiendo, son los laberintos del corazón.

Fue el último día de sol. El último regalo del verano. La Xime me llamó para que fuéramos a una fiesta medio VIP para ejecutivos arriba del cerro Santa Lucía. Ejecutivos jóvenes, solteros, minos. La idea inicial era hacer negocios y alianzas. Pero apenitas llegué a las faldas del cerro, y me encontré con un compañero de colegio, entendí que por ahí la cosa ya no iba. "Puro ponceo ejecutivo", me dijo El Flaco. Nos reímos y entramos, sin miedo ni expectativas. Yo no estaba para ponceos, ni para conocer a nadie. No quería. Estaba armada hasta los dientes, pero feliz. Había decidido que con mis amigos la pasaba muchísimo mejor que cualquier pelagatos desconocido. Hasta que el escupo me dio directo en la cara y un chico de terno y corbata roja, me empezó a hacer reír. Y me hizo hablar como hace rato no lo hacía. Era divertido el personaje. Optimista, caballero, gracioso, parecía muy seguro de sí, pero tampoco sobrado. Le gustó mi cartera de charol rojo. Hablaba hasta por los codos y era Acuario, como yo. Pasamos la noche entera conversando y un poco más. Le advertí seria: no te acerques mañana. Estuvo bueno y rico todo. Gracias muchas. Pero improbablemente reapareció y entonces la película se puso 3D. Así fue. Por un rato. Un ratito corto. Porque lo malo de tener tantísima conciencia y no apagar la voz en off, o quizás de ser periodista y conocer a tanta gente, es que una termina sacando las fotos relativamente rápido. Y en algún momento ve con objetividad todo y a todos, aunque a veces yo pagaría porque no fuera así. O que el proceso fuera más lento y por lo tanto, las ganas nuevas duraran un poco más. Pero no. Yo veo al tiro. Y vi que, aunque el chico de corbata roja era un encanto, estábamos en etapas distintas. Él, divirtiéndose como chino, como cuando tuve 20. Yo, divirtiéndome también, pero ya de otras maneras. Y queriendo mi felicidad simplecita y tranquila. Sin angustias ni dudas. Sin tiras ni aflojas. Sin pendejadas. A punta de puras explosiones cotidianas de felicidad. Ambición pura, pero legítima. Ahí la película hizo rewind y volvimos a foja cero: buena onda sincera. Y yo, volví a recobrar mi pacífica normalidad.

Entonces, un buen día, un hombre grande me dijo que sólo quedaban tres canciones para bailar. Que quería bailarlas conmigo. Yo, más armada que nunca, no acepté su dulce oferta. Pero no sé por qué, no cerré la puerta. Y él empezó un peregrinaje hacia este territorio minado, lento, suave y paciente. Un peregrinaje, que él, asume como tal, como su apostolado. Dice que quiere convertirme en algo así como en una chica cuerda y dócil de pura buena voluntad que es. Que ésa es su misión a corto plazo. Y que cuando termine, se irá lejos, muy lejos de mí. Pero yo no le creo. A él no le veo intenciones serias de partir. Lo suyo, es más bien un desembarco. Y lo mío, un alojamiento que me va convenciendo día a día, pero sin fecha de vencimiento.

El amigo de la Mayra se va de la clínica. Ahí recién, podemos conversar tranquilamente con mi amiga. Entonces le cuento de estas últimas novedades, le explico que las sorpresas están ahí afuera y que apenas pueda le muestro la evidencia que he encontrado cuando menos lo esperaba. Ella, contenta, asiente. Y me dice que apenas salga de ésta, quiere comprobarlo con sus propios ojos. Yo también sé que pronto, muy pronto, lo va a comprobar. Pero esta vez en su propio y nuevo corazón.




10 mayo 2008



Apuntes sobre el territorio amoroso, parte III

He añadido algunos ítems. Crece y crece este manual puntudo, prejuicioso y subjetivo.

Acá les van otros pensamientos escogidos.

(¿Esto me convierte en una especie de Coelho con faldas? Dios quiera que no.)

1. En algunos casos, la simpatía excesiva es sospechosa. Si de pronto, nos empiezan a tratar con diminutivos o con demasiado afecto, puede ser porque el otro ya no nos ve con deseo, sino sólo con ternura mezclada con culpa por no poder amarnos de verdad.
2. El catolicismo aprensivo le hace pésimo a una sexualidad espontánea y divertida.
3. El tira y afloja es una lata, pero funciona. Aquí y en la quebrada del ají. A la edad que uno tenga. El tira y afloja es hasta ahora uno de los métodos más infalibles en la conquista amorosa.
4. La suerte de la mosquita muerta, la espontánea la desea.
5. Los hombres no son un misterio. Son nomás.
6. Las mujeres sí son un misterio. Cada cosa que decimos, viene con un subtítulo que o dice todo lo contrario, o insinúa el tema que de verdad queremos tratar.
7. A veces el duelo es una chiva diplomática para zafarse de otro nuevecito de paquete. Por muy fregado que uno venga de una relación anterior, cuando se quiere de verdad, se puede.
8. El miedo a volver a sufrir o volver a hacer sufrir es como ponerle pause a la propia película amorosa. Mientras subsista ese temor en pantalla, todo permanece inmóvil, sin cambios. Y con el protagonista temeroso que, a lo venezolano, queda completamente ciego hasta que no vuelve a creer y confiar. Recién ahí, se enciende de nuevo el botón play. Y el protagonista empieza a recuperar la visión paulatinamente.
9. Mirándolo por el lado amable: lo bueno de conocer pastel tras pastel es que una se encuentra cada vez mejor persona. (Aunque sea por comparación con los extremos). Y aunque eso sea peligroso, cursi y poco funcional para fines amatorios, igualmente es algo bonito de constatar.

26 abril 2008




Antes de la explosión


No les he abandonado. Sólo estoy pensando.

¿Qué pienso? Qué viene ahora en adelante.

Pienso en los dos niños que tengo marcados en la mano.

Pienso si éste es el pasajero que he estado esperando o es otro espejismo más.

Pienso si ser punketa o santa. Qué seré más.

Pienso que ese amigo es como una especie de radio de onda corta divina que me habla con mensajes cifrados.

Pienso que me toca. Que es hora de que la vida me dé vueltas con una bofetada de felicidad.

Pienso que para que eso pase, todavía me queda pendiente un viaje. Tres días en esa cabaña de Algarrobo que descubrí cuando era pendeja, solita. Sola, sola, sola.

Pienso que es verdad lo que me dice el dial divino que tengo: debo abrir mi conciencia. Descubrir de adónde saqué mis miedos. Identificar su origen y dispararle caminando hacia el lado contrario. Cerrar los ojos y confiar. No traicionarme, dejar que el caballo se me desboque, pero con cuidado, conociendo perfectamente al jinete.

Volver a ser la loca que se tiraba con el paracaídas abierto sin medir consecuencias. Aunque eso sea un peligro público y privado.

Creer en otro tipo de poderes.

Quizás dejar todo botado y tomarme el primer bus que encuentre.

Quizás, como me lo dijo un sueño tan clarito, reunir a toda la fauna alegre y sabia que alguna vez me abrió las puertas de su vida, por un día, unas horas, y hacer algo con ellos. Decirles al menos que siempre los recuerdo. Que son mi especie de saco del Gran Pez que llevo a cuestas, adonde quiera que voy.

Volver a buscar a mi padre tan sólo para escucharlo y entender que él ya no entiende mis reproches. Y quedarme tranquila con eso.

Hacerle un tour por los recuerdos a mi madre. Gastarme todos mis ahorros en una semana de extrema locura y sensatez sólo con ella. Y después, quién sabe.

Dormir tres días seguidos sin culpa.

Despercudirme de mis límites.

Empezar mi propia revolución desde esta nueva casa de muñecas que tengo.


pd: hoy domingo 4 de mayo, busque en www.lun.com Penas de Amor, por Pepa Valenzuela (léalo u utilícelo en su vida cotidiana, con el favor de Dios)

25 marzo 2008




Apuntes sobre el territorio amoroso (parte II)

Por estos días, he estado escribiendo muchísimo. Y saliendo muchísimo también. La vida es muy sabia: Primero, devela y saca máscaras, después saca de una patada a la gente que no nos sirve (y que en algunos casos, no le sirven a nadie), y luego, nos pone a gente que sí tiene que ver con nosotros y tiene algo que decirnos y nos enriela de nuevo en el camino que estábamos recorriendo. Entonces ahí una se acuerda para dónde iba su micro y empieza a hacer todo lo que quería hacer y a estar exclusivamente con quienes quiere estar. Entre esas cosas, recordé mis apuntes sobre el territorio amoroso, que cada tanto voy ampliando con otras ideas sueltas que tengo. Los pensamientos nuevos, los publico acá para asentir o disentir. Como ya saben, son opiniones personales, bañadas de sarcasmo, amargura, ironía y otras, de pura verdad según yo. Nada que vaya a ser decreto ley próximamente, pero sí algunas cosas que honestamente creo que pueden resultar bastante ciertas.

Aquí les va. Pronto, algún adelanto de un libro que estoy escribiendo. Y de una maravillosa e insólita entrevista que le hice a Florcita Motuda llamada Los Preparativos funerarios de Florcita Motuda.


1. Suena obvio, pero no lo es: el amor hace bien. Lo que causa sufrimiento, daño, llanto y angustia corresponde a una ilusión óptica del amor, provocada por alguna patología que hay que tratarse con especialistas.
2. El amor es un trabajo y un juego. Hay que trabajar y jugársela por lo que uno quiere. Pero hasta cierto punto: si el movimiento no desata movimiento, si las cosas igual se atascan, hay que entender y aceptar que el destino también ocupa el estancamiento como una señal para mostrar un objetivo equivocado.
3. Durante el tiempo del duelo, un hombre abandonado o pateado representa un peligro público para la humanidad con faldas. Porque durante ese periodo, el hombre dolido generalmente entra en un ciclo inconsciente de desquite con el mundo en el que se convierte en una máquina de hacer pebre a otras. El objetivo del hombre dolido en duelo es recomponer el ego herido demostrando que se la puede y sanarse a través de una autodestrucción que incluye carrete, trago a destajo y mujeres tratadas como muñecas inflables. Por lo tanto, hay que tener cuidado con él y permanecer lejos de su guerra personal si una no quiere salir damnificada de yapa. Y no culparlos demasiado: el desquite masculino es un proceso inconsciente y siempre movido por la nula tolerancia al dolor masculina.
4. El diálogo es adulto y todo es conversable, hasta las barbaridades más tremendas. Lo único que hay que evaluar a la hora de conversar es si los dos hablantes son lo suficientemente adultos para tratar y entender el tema por completo. Si uno de ellos no lo es y el otro quiere decirle algo, no pierda su tiempo, es en vano: la existencia del mensaje sólo tiene sentido cuando hay un receptor capacitado para decodificarlo correctamente.
5. Lo peligroso no es no coincidir en los afectos ni en los tiempos. Lo peligroso es no hablar de las expectativas propias y ajenas a tiempo y con honestidad.
6. El sexo está sobrevalorado. Sobre todo tratándose del sexo a la chilena.
7. Cuando una mujer habla o quiere hablar, queda como loca, emocional, enrollada, cuática y obsesiva. Cuando un hombre habla o quiere hablar, queda como un tipo con los pantalones bien puestos y muy seguro de sí mismo.
8. No hay nada más tajante y definitivo que una mujer desencantada.
9. Muchas amantes ven en el matrimonio una garantía más que un ritual con el que estén de acuerdo. Se equivocan: nada ni nadie es garantía de nada en esta vida llena de sorpresas y en permanente cambio.
10. El que espía, siempre encuentra.
11. La desaparición sin explicaciones no sólo es un acto canalla y cobarde, sino que también la evidencia que la persona en cuestión es un niño que todavía está jugando a las escondidas.
12. Si usted adoptó un amante y lo crió como a un hijo más, no le pida después a ese hombre adoptado que la cuide y la proteja como un hombre grande.
13. Cansado del carrete, el vacío y el daño de otras, el hombre arrepentido siempre regresa en búsqueda de la mujer buena que alguna vez lo quiso y lo trató bien. Lo que la mujer buena debe saber es que el hombre arrepentido no la busca porque de pronto sufrió la iluminación del amor, sino que la sigue para encontrar un regazo seguro y dulce en el cual descansar y además, para comprobar que ella sigue ahí. Lo que el hombre arrepentido en este caso debe saber es que la mujer buena, por buena que sea, no es una calle que permanezca siempre en el mismo sitio. Y que por buena que sea, eso tampoco significa que la mujer buena sea huevona.

07 marzo 2008


JUANITO

Por Pepa Valenzuela


Juanito tiene los ojos verdes, la cara bronceada y llena de surcos, las manos más secas que he visto en mi vida y usa sólo camisas escocesas, como el amigo de Heidi. Se agacha por debajo de la puerta de su quiosco que está a medio morir saltando y me devuelve el hola. Entonces con la mano, le hago para que se corra un poco más allá. Y Juanito, obediente, se sienta al fondo de su quiosco, al borde de la banca celeste de madera en la que ha pasado la mayor parte de su vida sentado para educar a sus hijos, esos cabros que ahora son tremendos hombres, y me hace un huequito. Entonces entro agachada con mis bolsas de supermercado y un par de tomates y porotos que compré para el almuerzo. Me siento en un pedacito de su banca y los dos encendemos unos petardos, los cigarros que Juanito fuma como carretonero. Entonces viene una vieja y pide Las Ultimas. Y un viejo con cara de caliente que pide mentitas para el aliento. Una mamá enfermera con sus dos niñitas pokemonas que quieren unas Kem Piña. Y ahí yo atino a entregar diarios, dar un par de vueltos y seguir fumando al lado de Juanito, que dentro de su quiosco, para no aburrirse en las horas muertas, tiene una mini tele y un mini dvd. Y le cuento un poquito de mi vida, le digo qué columna se viene el domingo en el diario, le hablo de lo linda que es mi casita nueva, le hago preguntas para develar los misterios de la mente masculina y le pido el The Clinic. Todo, interrumpido cada tres segundos por gente que quiere dulces y revistas para entretener a sus enfermos internados en el Hospital. Y Juanito, que es muy sabio, me entrega mis diarios, me ofrece fiado, me explica que los hombres son lentos y lesos, pero no malos y me dice que no me preocupe ni me entristezca, porque a mí me está esperando un milagro de los buenos, de esos que se demoran en llegar, pero que cuando llegan, son puro fuego artificial. Ahí Juanito me ofrece otro cigarrito bomba, yo acepto y los dos fumamos como si nada más importara en el mundo. Y cuando apago y tiro la colilla afuera, agarro mis cachivaches y me despido de mi amigo Juanito, el quiosquero que meció mi coche de guagua y con el que ahora, algunos días, me siento a conversar.


pd: En esta última Paula, un reportaje que pronto estará en la web (www.paula.cl): El sermón del Día Después. Todo sobre el vía crucis por el que una mujer atraviesa cuando pide la píldora del día después, un derecho que por ahora sigue chueco en este país potijunto.

pd2: Este domingo en Reportajes de Las Ultimas Noticias, una columna sobre el posible cierre del Parque Forestal. Súmese al rechazo de las ideas edilicias pro rejas leyendo. Su click, es mi sueldo.

28 febrero 2008






LETRAS SALVAVIDAS
Por Pepa Valenzuela

Andaba pateando una pena infinita, cuando una amiga me lo prestó: Tokio Blues de Murakami. Entonces cada noche, con cada página, la angustia en la guata fue desapareciendo y un buen día, un diálogo me salvó la vida. Ahí estaba lo que quise decir alguna vez y no me había salido de la boca. Murakami lo había escrito por mí, quizás por cuántas más. Ahí estaba lo que hubiera dicho si esto fuera una novela y los demás personajes, tuvieran esa sensibilidad japonesa para entenderlo todo de forma sencilla. Comparto este párrafo para que otros más, reciban estas palabras al rescate. Y también comparto el dibujo de un amigo, inspirado en el mismo libro mágico, que al menos explica mi necesidad espantosa de dejarlo todo por escrito. Esto es un pedacito de Tokio Blues, la historia de Watanabe, un japonés que vive entre el pegoteo con una mujer fantasma y la sinceridad de una chica nueva que descubre a destiempo, Midori.




"(...) Quién sabe – reconocí-. La situación es muy compleja. Tenemos varios problemas. Todo esto hace mucho tiempo que dura y yo, la verdad, he acabado por no entender las cosas. Ni las entiendo yo ni las entiende ella. Lo único que sé es que como ser humano, siento cierta responsabilidad hacia ella. Y no puedo desvincularme. Al menos así lo siento ahora. Aún en el caso de que ella no me quiera.
- Soy una mujer de carne y hueso. – Midori presionó su mejilla contra mi cuello-. Estoy entre tus brazos y confesándote que te quiero. Haré lo que tú me digas. Soy un poco alocada, pero me tengo por una chica honesta, una buena chica. Soy trabajadora, guapa, tengo los pechos bonitos, sé cocinar, tengo un depósito en fideicomiso en el banco que me dejó mi padre. ¿No te parezco un buen partido? Si no te quedas conmigo, acabaré yéndome a otra parte.
- Necesito tiempo – dije-. Tiempo para pensar, para arreglar las cosas, para decidir qué es lo mejor. Lo siento, pero por ahora eso es lo único que puedo prometerte.
- Pero te gusto y no quieres que me aleje de ti, ¿no es cierto?
- Sí.
Midori se separó de mí y me miró a los ojos, sonriendo.
- Te esperaré. Confío en ti – accedió-. Pero cuando elijas, quiero ser la única. Cuando hagas el amor conmigo, piensa sólo en mí. ¿Entiendes lo que trato de decirte?
- Perfectamente.
- No me hagas daño. Bastante me han herido ya a lo largo de mi vida. No quiero que me hieran nunca más. Quiero ser feliz.
La atraje hacia mí y la besé.
- Suelta ese estúpido paraguas y abrázame con fuerza con los dos brazos – me ordenó Midori. (…)".




página 345, Tokio Blues, Murakami.

02 febrero 2008


CUMPLEAÑOS


Este lunes 4 de febrero estoy de cumpleaños número 27. Cómo se pasa el tiempo. Cómo se pasa tan rápido y con tan poquitas novedades. El asunto es que la gente no se olvida de estas fechas e inevitablemente estaré contestando el teléfono todo el santo día. La mayoría de la gente estará en la playa y postergará un regalo que jamás llegará. No faltará la tía desubicada que preguntará intrigada si ya tengo planes de familia, ahora que estoy al borde de los 30. Mis amigos infaltables, vendrán en la tarde a casa. Me cantarán el cumpleaños feliz y mamá sostendrá la torta cada vez más atiborrada de velas. Abriré los regalos delante de todos y sonreiré dichosa, jurando que el próximo año, seguro el próximo año, me celebro en una gran fiesta en marzo adonde todos puedan ir. Me llamarán mis sobrinos y hablarán de menor a mayor. Me quedaré hasta tarde lavando platos y vasos en la cocina, mientras mi madre se fuma el último cigarro del día. Y así, hasta el próximo año, cuando vuelva a repetirse el rito del cumpleaños feliz.