
24 mayo 2008

10 mayo 2008
Apuntes sobre el territorio amoroso, parte III
He añadido algunos ítems. Crece y crece este manual puntudo, prejuicioso y subjetivo.
Acá les van otros pensamientos escogidos.
(¿Esto me convierte en una especie de Coelho con faldas? Dios quiera que no.)
1. En algunos casos, la simpatía excesiva es sospechosa. Si de pronto, nos empiezan a tratar con diminutivos o con demasiado afecto, puede ser porque el otro ya no nos ve con deseo, sino sólo con ternura mezclada con culpa por no poder amarnos de verdad.
2. El catolicismo aprensivo le hace pésimo a una sexualidad espontánea y divertida.
3. El tira y afloja es una lata, pero funciona. Aquí y en la quebrada del ají. A la edad que uno tenga. El tira y afloja es hasta ahora uno de los métodos más infalibles en la conquista amorosa.
4. La suerte de la mosquita muerta, la espontánea la desea.
5. Los hombres no son un misterio. Son nomás.
6. Las mujeres sí son un misterio. Cada cosa que decimos, viene con un subtítulo que o dice todo lo contrario, o insinúa el tema que de verdad queremos tratar.
7. A veces el duelo es una chiva diplomática para zafarse de otro nuevecito de paquete. Por muy fregado que uno venga de una relación anterior, cuando se quiere de verdad, se puede.
8. El miedo a volver a sufrir o volver a hacer sufrir es como ponerle pause a la propia película amorosa. Mientras subsista ese temor en pantalla, todo permanece inmóvil, sin cambios. Y con el protagonista temeroso que, a lo venezolano, queda completamente ciego hasta que no vuelve a creer y confiar. Recién ahí, se enciende de nuevo el botón play. Y el protagonista empieza a recuperar la visión paulatinamente.
9. Mirándolo por el lado amable: lo bueno de conocer pastel tras pastel es que una se encuentra cada vez mejor persona. (Aunque sea por comparación con los extremos). Y aunque eso sea peligroso, cursi y poco funcional para fines amatorios, igualmente es algo bonito de constatar.
26 abril 2008

pd: hoy domingo 4 de mayo, busque en www.lun.com Penas de Amor, por Pepa Valenzuela (léalo u utilícelo en su vida cotidiana, con el favor de Dios)
25 marzo 2008
2. El amor es un trabajo y un juego. Hay que trabajar y jugársela por lo que uno quiere. Pero hasta cierto punto: si el movimiento no desata movimiento, si las cosas igual se atascan, hay que entender y aceptar que el destino también ocupa el estancamiento como una señal para mostrar un objetivo equivocado.
3. Durante el tiempo del duelo, un hombre abandonado o pateado representa un peligro público para la humanidad con faldas. Porque durante ese periodo, el hombre dolido generalmente entra en un ciclo inconsciente de desquite con el mundo en el que se convierte en una máquina de hacer pebre a otras. El objetivo del hombre dolido en duelo es recomponer el ego herido demostrando que se la puede y sanarse a través de una autodestrucción que incluye carrete, trago a destajo y mujeres tratadas como muñecas inflables. Por lo tanto, hay que tener cuidado con él y permanecer lejos de su guerra personal si una no quiere salir damnificada de yapa. Y no culparlos demasiado: el desquite masculino es un proceso inconsciente y siempre movido por la nula tolerancia al dolor masculina.
4. El diálogo es adulto y todo es conversable, hasta las barbaridades más tremendas. Lo único que hay que evaluar a la hora de conversar es si los dos hablantes son lo suficientemente adultos para tratar y entender el tema por completo. Si uno de ellos no lo es y el otro quiere decirle algo, no pierda su tiempo, es en vano: la existencia del mensaje sólo tiene sentido cuando hay un receptor capacitado para decodificarlo correctamente.
5. Lo peligroso no es no coincidir en los afectos ni en los tiempos. Lo peligroso es no hablar de las expectativas propias y ajenas a tiempo y con honestidad.
6. El sexo está sobrevalorado. Sobre todo tratándose del sexo a la chilena.
7. Cuando una mujer habla o quiere hablar, queda como loca, emocional, enrollada, cuática y obsesiva. Cuando un hombre habla o quiere hablar, queda como un tipo con los pantalones bien puestos y muy seguro de sí mismo.
8. No hay nada más tajante y definitivo que una mujer desencantada.
9. Muchas amantes ven en el matrimonio una garantía más que un ritual con el que estén de acuerdo. Se equivocan: nada ni nadie es garantía de nada en esta vida llena de sorpresas y en permanente cambio.
10. El que espía, siempre encuentra.
11. La desaparición sin explicaciones no sólo es un acto canalla y cobarde, sino que también la evidencia que la persona en cuestión es un niño que todavía está jugando a las escondidas.
12. Si usted adoptó un amante y lo crió como a un hijo más, no le pida después a ese hombre adoptado que la cuide y la proteja como un hombre grande.
13. Cansado del carrete, el vacío y el daño de otras, el hombre arrepentido siempre regresa en búsqueda de la mujer buena que alguna vez lo quiso y lo trató bien. Lo que la mujer buena debe saber es que el hombre arrepentido no la busca porque de pronto sufrió la iluminación del amor, sino que la sigue para encontrar un regazo seguro y dulce en el cual descansar y además, para comprobar que ella sigue ahí. Lo que el hombre arrepentido en este caso debe saber es que la mujer buena, por buena que sea, no es una calle que permanezca siempre en el mismo sitio. Y que por buena que sea, eso tampoco significa que la mujer buena sea huevona.
07 marzo 2008
28 febrero 2008

- Soy una mujer de carne y hueso. – Midori presionó su mejilla contra mi cuello-. Estoy entre tus brazos y confesándote que te quiero. Haré lo que tú me digas. Soy un poco alocada, pero me tengo por una chica honesta, una buena chica. Soy trabajadora, guapa, tengo los pechos bonitos, sé cocinar, tengo un depósito en fideicomiso en el banco que me dejó mi padre. ¿No te parezco un buen partido? Si no te quedas conmigo, acabaré yéndome a otra parte.
- Necesito tiempo – dije-. Tiempo para pensar, para arreglar las cosas, para decidir qué es lo mejor. Lo siento, pero por ahora eso es lo único que puedo prometerte.
- Pero te gusto y no quieres que me aleje de ti, ¿no es cierto?
- Sí.
Midori se separó de mí y me miró a los ojos, sonriendo.
- Te esperaré. Confío en ti – accedió-. Pero cuando elijas, quiero ser la única. Cuando hagas el amor conmigo, piensa sólo en mí. ¿Entiendes lo que trato de decirte?
- Perfectamente.
- No me hagas daño. Bastante me han herido ya a lo largo de mi vida. No quiero que me hieran nunca más. Quiero ser feliz.
La atraje hacia mí y la besé.
- Suelta ese estúpido paraguas y abrázame con fuerza con los dos brazos – me ordenó Midori. (…)".
02 febrero 2008
