21 julio 2007

HUMOR QUE MATA
La protagonista del libro se parece bastante a mí: torpe con los hombres, medio cómica, con una suerte de porquería en asuntos amorosos. Por eso, al final de la novela decide comprar un libro de autoayuda que le enseñará a comportarse como una chica bien, de esas a las que sí les va bien con el sexo opuesto, de las que triunfan en la conquista. Con él aprende a contenerse, y a disimular a la looser que lleva dentro. El libro se llama Manual de Caza y Pesca para Chicas y es de Melissa Bank, si alguien quiere leerlo. Los dejo con un pedacito del libro que me dio una luz sobre mis guateos en las lides del amor hace ya un par de meses.
"Leo el libro saltando de un titular a otro hasta que encuentro: "¡No seas divertida!"
Y pienso: ¿Pero por qué no hay que ser divertida?
- Porque divertida es lo contrario de sexy - me responde la elegante, estoica Faith (autora del libro)
- Pero a mí me atraen los hombres divertidos - protesto.
Y contesta la burbujeante Bonnie:
- No estamos hablando de lo que te atrae a ti, tonta. Tú puedes salir con todos los payasos y comediantes que quieras. ¡Y muérete de la risa, si eso te gusta! Pero no hagas tú los chistes.
- A los hombres les gustan las mujeres femeninas - dice Faith - Y el humor no es femenino."

12 julio 2007

Ilustración: Inés Pichetti (www.llevamehastamicasa.cl)

DATO ROSA

No sé qué me pasa que ando enamorándome a cada rato.
¿Será un desorden hormonal o sólo significa que ya desperté?

19 junio 2007



DIAS DE INVIERNO

Son días de pena estos. Hace tanto frío que no dan ganas de salir de la cama hasta septiembre, claro, si no estuviera la maldita demolición dele que suene al lado de mi dormitorio. Tengo amigos estrellados que se acaban de dar de cabeza contra el muro de un mundo por donde no era tan fácil tomar el atajo. Se sienten atrapados, frustrados, tristes, sin memoria. No pueden recordar quienes fueron ni qué querían cuando éramos esos pendejos luminosos. Otros se rindieron y se acomodan como pueden a la vida, a costa de negocios, tarjetas bancarias, trabajos que no soñaron y ceremonias de matrimonio apoteósicas a las que sí invitaron a esos parientes colados que juraron jamás convidar por compromiso. Son días tristes estos. Mi amiga hada tiene años de sueño acumulado y ningún aplauso la está esperando a la vuelta de la esquina. Ella se conforma con dejar las cosas funcionando aunque nadie sepa que fue ella quien encendió el motor. Tengo un viaje al paraíso en la cabeza y a veces dudo de si efectivamente estuve ahí. Porque acá todo cuesta tanto, que me parece imposible que existan escondites en el mundo donde todo es como debe ser. Son días solitarios estos. Tengo una cita a ciegas el fin de semana que sé con absoluta certeza que será un fiasco, una carta con 13 viejos nudos en la garganta que hace un año no entregué y un amigo que adoro para callado. Soy una tumba donde el resto escribe sus epitafios, escucha sus oráculos y se va. Son días tan muertos estos. Tengo un hermano que toma ravotril y un pronóstico esotérico de amargura. Una madre que aprieta los dientes porque sabe que de este hoyo en el que estamos metidas, no nos puede sacar. Amigas que no entienden que la frustración se está comiendo mi estómago y creen que mis ausencias son pura mala voluntad. 0,1% de opciones que me den un crédito en el banco para comprarme un departamento que en 10 años más se va a caer a pedazos. Mil ideas de viajes por otras geografías humanas y ningún presupuesto que aguante. Una antorcha de estrella que me recuerda que Mohamed puede estar ahora mismo transando su vida a manos de un espalda mojada. Demasiadas amigas que se van para el otro lado del mapa y que sé que será difícil volver a ver. Suficiente tiempo esperando a que el destino me reviente en la cara o al menos, que reviente yo delante de él. Pero son tan de pena estos días que ni siquiera tengo energía para hacerme estallar sin tener que separarme de la estufa donde escribo estas tristes líneas de invierno.

29 mayo 2007

JUVENTUDES COLUMNISTAS

Del servicio de inutilidad pública, Pepa informa: En unos días más vuelvo al hogar calientito de la Zona (www.zona.cl) Vuelvo, amor vuelvo, para hacer el taller de Juventudes Columnistas y enseñarles a todos los teen entre 14 hasta 18 años (19 con suerte) a escribir columnas como Dios manda e intentar ayudarles a buscar su voz propia. Por eso, este post es para ellos: escolares del país que escriban, lean y rayen con publicar sus historias y quieran aprender, escríbanme a pepitavalenzuela@gmail.com mandándome su edad, nombre completo, algún contacto donde pueda pillarlos y la mejor columna que sean capaces de escribir. En una de esas, si le ponen tinca, pueden ser parte de la Juventud Columnista 2007 de la Zona de Contacto. Una experiencia totalmente recomendable: ahí pueden publicar sin censuras, conocer gente con sus mismos intereses y empezar un camino de forma amena, agradable y sin pagar ni uno por los conocimientos que van a adquirir. No es malo. (Y usted, si está pasadito los veinte, pero conoce pingüinos talentosos en el arte de las letras, no sea avaro y cuéntele de esta invitación) Recibo propuestas y columnas hasta el martes 5 de junio, es decir, todo debe hacerse ahora ya. Suerte a todos y nos estamos viendo.

13 mayo 2007

De izquierda a derecha: Mohammad de Jordania, yo desde Chile, Lucky de Nigeria, Ma Teresa de Colombia y Mauri de Brasil.
De izquierda a derecha: Los latinoamericanos Mauri König de Brasil (1er lugar), María Teresa Ronderos de Colombia (2do lugar) y yo de Chile, miércale, (tercer lugar)

De izquierda a derecha: Simonne y Mauri (Brasil), Andrej (Bielorrusia), Ma Teresa (Colombia), yo (Chile), Siew Ying (China), Lucky (Nigeria), Syed (Dubai), Femy (UK), Robert (Uganda), Mario (Alemania), Michael (UK), Mohammad (Jordania) y Tanya (Sudáfrica)
PERIODISTAS SIN FRONTERAS
Volver de un sueño deja las dudas de haberlo vivido o de simplemente haberlo imaginado. Es volar en un estado insomne donde los recuerdos se confunden con interpretaciones propias, imágenes pegadas en el subconsciente y voces diferentes que una intuye que escuchó, pero no está segura de haberlo hecho. Eso es lo que me pasa ahora, que he regresado hace poco desde Bruselas en Bélgica donde recibí el tercer lugar por América Latina del Premio Lorenzo Natali, que entrega la Comisión Europea a periodistas que escriben sobre la defensa de los derechos humanos y la democracia. (www.premionatali.eu) En una ceremonia en el edificio Berlaymont, de la Comisión Europea, con muchos periodistas valientes, con largos años de trayectoria, enamorados de su trabajo y dispuestos a jugarse la vida en ello, recibí una estatuilla con una estrella dorada que dice mi nombre y un diploma donde recuerda la triste, pero esperanzadora historia que escribí sobre Mohamed, el chico somalí refugiado por error en nuestro país. Comí cosas que jamás había probado, paseé por esa ciudad de cuentos de hadas, me vestí de señorita todos los santos días, compré chocolates, tomé fotos como loca y dormí pocas horas. Pero lejos lo mejor de toda la experiencia, de haber volado durante 17 horas para llegar hasta allá, fue haberlos conocido a ellos: a colegas de distintos y distantes lugares del mundo que día a día se juegan la vida por hacer de éste un mundo más justo, transparente y humanitario donde vivir. Es increíble cómo el solo hecho de compartir este amor a nuestro arte, tan poco apreciado y entendido por muchos, nos hizo una misma cosa. Desde China, Pakistán, Nigeria, hasta el Reino Unido, Alemania y Chile, pudimos entendernos y querernos el poco ratito que estuvimos juntos. Nos reímos, emocionamos y hablamos hasta que el sueño nos dio permiso. Realmente no tengo palabras para transmitir todo lo que ahí viví. Pero me quedo con recuerdos inolvidables de amigos entrañables que será difícil volver a ver, pero de los que aprendí como si hubiera vivido cincuenta años más.
De Siew Ying, la gran ganadora de China, la sencillez, esa valentía gigantesca embutida en un cuerpo diminuto y su energía como rayos de sol que hacían de su edad un misterio indescifrable.
De Mauri, de Brasil, la dulce timidez de un hombre que se ha pasado la vida entera luchando e incluso financiando sus propios reportajes sobre temas que cree ciegamente que deben ser conocidos.
De Lucky, de Nigeria, esa alegría afro, el optimismo de un periodista que ha visto el mundo entero abrirse ante sus ojos y que fue capaz de seguir el trayecto de miseria y fe de marroquíes que escapan hacia Europa a través del desierto.
De Syed, de Dubai, la sonrisa serena de un hombre de fe que se abre feliz y sin resquemores hacia otras culturas que en general, tienen más prejuicios con la suya.
De Mohammad de Jordania, la capacidad objetiva y el temple para darse cuenta de las fallas y atrocidades que aún se cometen dentro de su propia sociedad, como los asesinatos de mujeres por asuntos de honor.
De Michael, un escocés que trabaja en el Reino Unido, el sentido del humor tan british, la caballerosidad a toda prueba de un guapo de tomo y lomo y la persistencia por contar la historia de los obreros inmigrantes que trabajan en su país en condiciones de desgracia.
De Tanya, de Sudáfrica, el carácter de una mujer dulce, la claridad mental para percatarse de los problemas de este mundo y la sensibilidad para rescatar la historia de un hombre acusado injustamente de haber asesinado a otros durante el apartheid.
De Mario, de Alemania, la capacidad de compartir y de reírse de sus propios temas, la valentía de un periodista capaz de cruzar con un coyote la frontera de México hasta New York junto con los miles de inmigrantes que buscan el sueño americano, el humor agudo e inteligente.
De Mossaud de Pakistán, la develación de un hombre serio a introspectivo que de a poco mostraba un corazón lastimado, pero vivo todavía.
De Robert de Uganda, la timidez simpática de un hombre que fue capaz de lograr, a través de su reportaje denuncia sobre el contagio de VIH de las madres hacia sus hijos en su país, una ley que ahora obliga a las madres a prevenir esa transmisión.
De Andrej de Bielorrusia, la evidencia de que las caparazones tienen sus razones, pero no necesariamente sus defectos, el coraje periodístico de haber escrito y despachado su reportaje desde una celda para cinco personas, pero donde finalmente había nueve hombres que gritaban y fumaban mientras él cumplía con lo suyo: denunciar corrupciones del gobierno y del sistema.
Y cómo no, de María Teresa, mi muy querida colega colombiana, el encanto, la sabiduría de una mujer con una energía vital envidiable y una fuerza infinita para pelear por la libertad de prensa en su país y difundir las historias del terror que han sufrido algunos de sus compatriotas, víctimas de una violencia interna que lamentablemente aún no termina.
Con todo eso, cómo no sentirme más que pagada. Creo que jamás había tenido una evidencia tan clara de que Dios me estaba susurrando bendiciones y futuros en el oído.
pd1: Pronto, el relato de mi paso por Paris con mi querido amigo dominicano José, su hermana Ellen y toda esa comunidad dominicana cariñosa, ruidosa y acogedora que me recibió como una reina en la ciudad de la luz.
pd2: Sé que en Chile, no se dijo ni pío sobre este premio, a pesar de que me parece que es importante para el país y para nuestro periodismo criollo. Qué quieren que les diga, eso me duele un pelito por la poca visión, lo cerrado del enfoque y ciertas mezquindades mediáticas. De todas formas, agradezco a mi lindo profe Enrique Ramírez por su emocionante columna en La Nación (martes 8 de mayo) llamada el Servicio Público de la Magia y a mi amigo Nico (Copano grande) que contó más detalles en la Grúa de la Rock and Pop. De verdad, se agradece. Y no por mí, sino porque a veces las tetas de la Bolocco no son lo único bueno que se puede ver y saber en nuestro pedacito de tierra. Un abrazo grande a todos los que postearon con sus buenas vibras, a mis amigos incondicionales que se portaron de lujo pre, durante y post viaje. Les juro que allá, siempre me sentí protegida por ese escudo de energía positiva, pura y sin envidias. A cada uno de ustedes, se les quiere de verdad.



20 abril 2007

pd: en la foto, Mohamed, el chico somalí refugiado en Chile y yo, la reportera.

TINTA ROJA
Todos ya lo saben. Mis colegas, amigos, familiares, compañeros de pega, fotógrafos entrañables, editores que me han enseñado un mundo, toda esa red de gente que me permitió vivir este momento surrealista y definitivamente emocionante. Ahora, es hora de compartirlo con ustedes, mis fieles lectores: esta semana me avisaron que estoy entre los tres primeros lugares de América Latina y el Caribe del Premio Lorenzo Natali, un galardón que entrega la Comisión Europea a todos los reporteros del mundo que escribieron en defensa de la democracia y los derechos humanos. (www.premionatali.eu) Postulé junto con 1500 periodistas de todos los continentes con un reportaje de la revista colorinche sobre la historia de un refugiado somalí que llegó por error a nuestro país, una experiencia de vida estremecedora que hasta el día de hoy tiene sus secuelas. A Mohamed lo entrevisté y me hice su amiga. Todavía lo somos. Su vida, su pena, su esperanza, su dulce alegría de estar vivo a pesar de la distancia con los suyos, son nudos que todavía se me arman en la guata. Escribí su historia con el firme propósito de que alguien más se estremeciera, se enrabiara por las absurdas normas que separan a la gente de sus seres queridos, para que alguien moviera un dedo, para que la diplomacia desde sus alcurnias lo acogiera, para que Mohamed volviera a ser feliz. Pero jamás pensé que esa historia me daría esta alegría extra. Pronto viajo a Bruselas a recibir esta distinción. Soy la única chilena que va. No sé si gane el primer lugar o el tercero, pero el sólo hecho de que reconocieran ese trabajo donde puse sangre, vida y alma, es una emoción que de vez en cuando se me escapa en gruesos lagrimones. Espero poder contarles cómo me fue por esos lados apenas vuelva. Espero poder representar bien a todos mis compañeros y colegas periodistas que creen firmemente en que nuestro oficio puede cambiar cosas y abrir cabezas. Y que día a día se la juegan por eso, en silencio. Para todos ellos, esta alegría también es de ustedes.
pd: estaré allá desde el 1 de mayo hasta el 12. También voy a Paris, donde mi amigo dominicano José me recibirá. De regreso, todos los detalles.

16 abril 2007



PIEL DE JAGUAR

El baño es una nube de humo de cigarro y ceniceros llenos a estas horas de la tarde en la revista. Quedan pocas chicas sentadas frente a sus computadores. Afuera, ya está oscuro. Desde la ventana del baño, se ve el Metro volando a lo lejos. La Mona cierra la puerta, enciende una vela con olor a vainilla y me toma la mano. Mira las líneas rectas, marcadas en mis palmas rosadas y yo espero. Entonces me suelta una verdad a la que le he hecho el quite por años en la cara. La Mona dice que tengo una masa informe de miedos y rabias. Que un abandono con cuerpo de hombre me dejó la psiquis marcando ocupado y que necesito sacar esas cosas afuera para volver a la vida que tenía. Que soy una ostra temerosa de que le hagan daño y por eso, a veces reacciono con desprecio. Con indiferencia iracunda frente a cualquier pantalón que se me acerque. La Maca, que está sentada a mi lado fumando, me levanta una ceja con cara de te lo dije. Hace un par de días, las dos estábamos pintarrajeadas y felices de pisco sour, bailando canciones del año de la pera en medio de una fiesta repleta, saltona y recargada. No nos separamos en toda la noche. No nos perdimos el rastro. En el único descanso, un tipo de camisa blanca me ofreció ron con coca cola y yo, le respondí con la punta del zapato. Lo miré feo. Creo que también lo insulté. "Eres una pesadita", me dijo la Maca, medio avergonzada. Pero yo, embutida en mi polera aleopardada, seguí rugiendo un par de minutos más, furiosa e inalcanzable. Al final de la fiesta, al único hombre al que traté bien y que incluso besé en la mejilla con auténtico cariño, fue a un travesti moreno que, disfrazado de conejita de pascua, me regaló unos petazetas y un huevito de chocolate. "Toma, por regia", me dijo él. "Toma, por amorosa", le dije yo y le di un abrazo a esa conejita pascuera de más de dos metros de alto. A menudo pienso que los gays y los travestis son los únicos hombres en los que se puede confiar. Esa noche, me quedé dormida pensando en eso. Afirmando mi arbitrariedad en un error.

Pero ahora la Mona mueve la cabeza para los dos lados. La Maca también. Los traumas de mi mano me delataron y estoy sin argumentos. En el fondo, donde todavía me queda un saldo de cordura, yo también sé que estoy mal enfocada. Que no puedo andar con una lanza en mano atravesando hombres porque sí. Muy de tigresa serán mis disfraces, pero en realidad no soy más que una gata arisca que se escabulle de los demás por miedo. Y sí, por rabia. Por la furia de saber que por un par de culpables, meto inconscientemente y sin quererlo, en el mismo saco mental a pecadores e inocentes. Porque alguien me convirtió la inocencia en un tractor demoledor de personas. Y sobre todo, porque sé que jamás recuperaré a la niña que se lanzaba con los brazos abiertos al vacío. Y ese es un luto injusto, que no debiera llevar. Simplemente no lo merecía. No me tocaba a mí. A veces estoy segura de que hubo un cortocircuito allá arriba y se equivocaron en el envío de desgracias. O que hubo una caída del sistema de compensaciones. Pero el asunto es que haya sido lo que que fuera, ya no saco nada con averiguarlo. Lo único que puedo hacer, para variar, es hacerme cargo de esta madeja, desenredarla y convertirla de nuevo en lana pura con la que pueda volver a tejer.

Soplo la vela de vainilla para que esta vez así sea.